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No.
El fuego no es el signo de morir con importancia.
Es resistirse y
–bajo la hoguera del sol latente–
y celebrar la sombra.
Entonces prepara para la noche la sangre
de heredados rituales
si el delirio cobra de sí su último aullido transparente.
Las calles son una revolución discreta y profunda.
Dentro de nosotros
también la consecuencia define el orden y el dominio.
Ama la ciudad,
ámala guardián en su abundancia
y busca lo imposible: Florecer en el cemento.
Arrójate al designio de agrietar los labios
sin importar el lenguaje monótono del nuevo día.
Ensaya viejas laceraciones cuando despiertes:
Saber bifurcar los miedos
es punzar el sueño de los que abrevian la angustia impunemente.
Por eso
coge tu abismo y calla tu fuego.
Es mejor atravesar las horas contenidas
con la magia mortal de una pregunta ardiente.
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