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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Reseña contra mi primer poemario. Víctor Coral vs Víctor coral… y la autocrítica

Encontré este interesante post en el blog que dirige Víctor Coral, y me parece encomiable la honestidad (o alturada la ironía) con que este autor autocritica su primer libro: Luz de limbo. Y razón no le falta. Poetizar (hacer, vivir, escribir Poesía) no es someterse a la búsqueda insustancial de eso que algunos llaman “la propia voz” o la fatídica “originalidad”, mucho menos seguir la línea, el registro de una primera publicación porque en su momento sugirió cierta importancia como propuesta. Cierto es que no se debe escribir para quedar bien con algún sector de la crítica. La autocrítica es aún más satisfactoria (antes y después del Poema publicado), por necesaria. Repetirse o autoplagiarse resulta siendo tarea facilista y torpe, casi un encuentro con la “tumba futura” como lo dice el propio Coral.

Todos los caminos es el camino. Hay que arriesgar para nunca perder el ritmo del paso. Y si se le pierde, igual, arriesgar. Vincularse sobre todo con el propio juicio.

Dejo para su lectura el post del que hablo.


Hace diez años publiqué mi primer libro, Luz de limbo. Fue, recuerdo, con mi propio peculio, y con alguna ayuda económica de ciertos amigos, mediante un mecanismo hoy en desuso: los bonos de preventa. En esos años, publicar no era tan fácil como ahora, sobre todo por lo económico, pues los precios de una edición decente de 500 ejemplares superaban los 1,500 dólares de la época.

Releo mi propio poemario ahora, y me doy cuenta de que, a pesar de que tiene poemas que han sobrevivido al paso del tiempo, hoy me convence menos que entonces. Y entonces no me convencía mucho tampoco. Es un poemario correcto, con poemas bien estructurados y demasiadas secciones para su brevedad. Es un primer poemario "clásico", con homenajes a ciertos íconos poéticos personales, con poemas de cierta preocupación social, con poemas de desamor. Es un buen primer poemario pero hay muchos así.

No puedo dejar de sorprenderme cuando algunos amigos elogian ese primer poemario y los poemas -muy logrados, dicen- que contiene. A mí no me atrae para nada esas características del libro. Es más, no me atraen esas características en ningún libro. Creo que si en un libro de poemas el riesgo ha sido suprimido, la exploración ha sido maniatada, lo subversivo ha sido bien encaminado (sic), estamos frente a un problema.

Lamentablemente, lo descrito no solo es problema de Luz de Limbo, sino de muchos poemarios posteriores y anteriores a él. Sobre todo posteriores. Pocos arriesgan, pocos escriben de espaldas a la aceptación fácil (yo mismo empecé a hacerlo recién a partir de mi segundo poemario). Lo seguro atrae como moscas a los poetas, jóvenes y madurones. Lo seguro es la tumba futura de la poesía. Lo seguro, a la larga, es lo más inseguro en poesía.

Foto tomada del Facebook del poeta.

miércoles, 23 de junio de 2010

AMANECIDAS VIOLENTAS de José Pancorvo. Por Víctor Coral / En Luz de Limbo, febrero de 2010

Si bien es cierto que la tradición poética peruana no está exenta de rasgos místicos –pensemos solo en Esther Allison (descubierta para mí por el crítico Ricardo González Vigil) o en Santa Rosa de Lima-, el tener a un poeta místico como José Pancorvo en calidad de contemporáneo no deja de ser un deslumbrante privilegio. Su reciente entrega, Amanecidas violentas (Sol Negro, 2009), confirma plenamente esta idea, y devela, por si fuera poco, algunos destellos lingüísticos que se independizan de aquella condicionante trascendente.

“Cuando pude amanecer/ ya se ponía el sol/ y me salió otra razón”, dice JP, cargado de pesar por no haber vivido el tiempo de oro de la humanidad (la Edad Media, supongo, a juzgar por el tradicionalismo que profesa); pero, a su vez, con el convencimiento de que otra perspectiva es posible en un mundo entenebrecido por la preeminencia del oro, la imagen, y sus usos y abusos que son origen de todos los mal(estares) que nos agobian en tiempos hipermodernos.

Y de ello va el poemario, de amanecidas, despertares, iluminaciones; pero también de oscuridades, grisuras, y un espíritu temible, fortalecido, que se enfrenta a la burda cotidianidad callejera cantándola, elevándola, acaso viendo lo mejor de ella, como en esa parábola de los Evangelios Gnósticos donde los discípulos de Jesús solo siente hedor y repugnancia frente a un perro putrefacto, y el Salvador se fija en la belleza de sus blanquísimos dientes…

“Vendí el mundo al botellero”. ¡Qué contundencia trivial la de este verso! Y retrata el programa de toda mística: el abandono del repugnante mundo manifestado para asumir un compromiso mayor con lo trascendente, aun cuando esto no necesariamente asegure logros poéticos (pero en el caso de JP el balance es positivo).

Amanecidas violentas es un texto tan complejo, en consecuencia, que con solo detenernos en el aspecto de las transgresiones gramaticales tendríamos para un ensayo especializado cuyos objetivos escapan a este recensión. Basta señalar que en “Canción en Taxi Cristalino” aquella transgresión se devela (¿rebela?) como una auténtica necesidad expresiva:

Pero yo aún venía muy
Para regalar
El licor paraísos infinito
(…)
El muy cielos
Aún pasó
Y yo ya estoy bien
muerto
muy el cráneo de meditación.

Todo el que conoce bien a JP estima que su figuración en medios y su reconocimiento como poeta debería incrementarse. No voy a enfatizar ello. Solo quiero recordar que el camino místico aquí, en España (recordemos al gran De la Cruz) y en la China (literalmente hablando) nunca ha sido una alfombra roja hollywoodense, y andarse quejando por ello es cosa de no-logrados y codiciosos. Este no es el caso de JP: en su obra se resume -sublime y violentamente- lo mejor y lo más oscuro de nuestra tradición; lo más elevatricio -yo también me gasto mis neologismos- de nuestra desconcertante o maravillosa realidad (al gusto del cliente), y un espíritu que pugna por encontrar una salida mayor al despropósito global actual. Con Amanecidas violentas debemos celebrar que esa ideología –que podemos compartir, combatir o repudiar, igual da- no haya difuminado lo poético; más: lo ha fecundado.

Trepana el cosmos muyuntin
Y en el continuismo sublime
No pienso, no deseo,
No dudo, no recreo,
No ambiciono
Y más que las plantas del paraíso
Es en ensueño divino en el corazón y la Plaza
Y en el arte del no-espacio sin escalas
Mi residencia-templo:
Ondulo hasta cuando no existía
Y adoro
En el Corpus Christi:
Nada de bienes menores
La afinación de mi exorcismo se sublima.

Fuente: Luz de limbo
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