domingo, 11 de julio de 2010

FATUO PRETEXTO: POETAS DE LAMBAYEQUE. Stanley Vega, Cromwell Castillo y Manuel Bustamante en PDM. Esperando a Cromwell. Por David Novoa

Y como cada noche de miércoles la gente acudió al Chaska: indigentes, orates, pasteleros, asesinos a sueldo, travestis y políticos, todos se disfrazaron de personas normales interesadas en la cultura y acudieron para su necesaria terapia poética. Allí los recibió el Pibe Olivares, organizador del evento, quien encendiendo las velas y los inciensos, nos informó con cierta alarma: Están casi todos, sólo falta Cromwell! Y no se refería al estadista inglés Sir Oliver Cromwell sino el aeda chiclayano Cromwell Castillo del grupo literario Signos, despiadado cónclave de poetas que realizan sacrificios de inocentes cajas de chelas y se beben toda su sangre, crueles depositarios de los ancestrales lambayeques. Bueno, si no llega Cromwell... igual empecemos!

Dio inicio al juego Zazamón, el extraterrestre del planeta Dudufá. Nos leyó un poema en lengua interplanetaria: Zrxzsqpw, sí! Drscxz, no! Xprtyds, ni sí ni no! Explicó que los polvos del pirlimpimpím acentúan la conexión con el Estro Poético y que Trujillo es un espejismo donde multitudes de zombis caminan por las calles fingiendo vivir. Aplausos a Zazamón quien levantó las manos esperando el haz de luz que lo arrebate hacias las esferas supremas, pero como nada ocurrió se sentó tranquilamente en su butaca.

Ahora sí los poetas: Desde Chiclayo -la rica tierra de la chufla y el kinkón- Stanley Vega, más conocido como Satanley y el joven púber cuasi virginal Manuel Bustamante. ¿Y Cromwell? Preguntamos. Todavía no llega. Repentinamente una llamada telefónica: ¡Era Cromwell!: Que ya estaba en el paradero: ¿Ahorita viene? Sí. ¡Ya, empecemos! Manuel, el tímido doncello, empezó a leer un tanto presuroso sus bien logrados versos: Desde una alcantarilla del cielo/ has caído hacia ti mismo/ a advertir de a pocos/ que aún vestido estás/ con tu desvaído cuerpo/ aquel traje ordinario/ que a través del tiempo/ se ha ido corrompiendo// Vuelves a verte una vez más/ dentro de este sórdido/ y enorme ducto que es el mundo/ vuelves a sentirte/ la misma mierda de siempre/ dizque humano/ inteligente. Sorprendió con una contundencia que aunque no en sus ademanes, afloraba en sus palabras.

La Poesía amplificó su potencia y el dilecto público de miércoles lo coronó con una cordial salva de aplausos. Le siguió el chiclayanense Satanley, quien había llegado acompañado de una poeta, intelectual, soprano lírica-dramática quien lo abrazaba, le rascaba la calvita, le besaba su naricita... bueno, detalles aparte, Stanley Vega cantó lo suyo con el oficio de años en el vagabundaje poético: ¡DESORBITACIÓN! ¡DESORBITACIÓN! ¡Digo desorbitación levantando la voz/ la barbilla hacia el cielo/ abriendo los brazos/ comiendo aire a grandes zancadas!/ La tierra precipitadamente se descuelga/ luego de un estruendoso crujido/ de articulaciones/ en el mismo cuello del universo// ¡Esto es el fin!/ ¡Jaaa-ja.ja.ja.jaja ttkufff!/ Estiro los dientes para cogerme/ de un árbol cuyas hojas son de papel/ y aún prendido allí/ no dejo de percibir en mis oídos/ pataleos y gritos de millones/ y millones de terrícolas/ que inusitadamente han salido/ volando como moscas/ hacia el tenebroso espacio. Excitado Stanley -le brillaban los ojos, mataba a la humanidad en su imaginación- se vacilaba rico: Aquí los cielos son cachetadas oscuras/¿a dónde iremos a estrellarnos?/ ¡Y la tierra sigue cayendo!/ ¡Que siga cayendo!/ Es un fabuloso testículo embarrado/ que ningún endiosado individuo sostiene/ ¡Vamos a morir!/ ¡Que la tierra vuele en mil pedazos/ y muera yo cogido a estas hojas! Aplausos. Otra llamada. ¿Cromwell? Sí, es Cromwell. ¿Ya viene? Que el taxista lo acaba de cuadrar. Pero dice que normal, que sólo le han robado la plata y -aunque su virginidad ya no- sus poemas siguen intactos. Que ahorita llega. Yehhh!!! El público vitoreó la noticia. Y en tanto llegaba el príncipe del retraso se le concedió la palabra a los asistentes: Hablaron Moisés Castillo, bardo viajero que adelantó algunos textos de la que sería su pronta presentación; Johnatan Chacón quien se reveló con un maduro y psicalíptico registro: Mi religión no tiene pecados/ pecado sería no quererte con la pasión de un credo/ el padre nuestro es recorrer tus labios/ y santificar tus besos/ caer en tu reino para hacer tu voluntad cual/ norma santa que enreda mis sesos. Aprobado y apuntado para una próxima edición. Beto Barriga –el heraldo del desasosiego- cantó lo suyo como cada miércoles: Observo a la humanidad llorar bajo la lluvia/ lavándose los malos días/ el dolor que la pérdida brinda/ aún así veo a todos sonreír/ aunque les duela/ porque no creen en los errores/ sólo en los contratiempos por venir. El teléfono interrumpió otra vez: Era Cromwell. ¿Dice que dónde chucc queda el Chaska? San Martín 543. Ah ya. Está en la puerta pero que un borracho no lo deja pasar: Era el cuentista Gonzáles del Yerbario quien confundía al poeta con los diablos azules de su delirium tremens y lo remecía del pescuezo. El agresor fue calmado con su caja de chelas para él solo y por fin íbamos a escuchar al tan ansiado, esperado, imaginado y retrasado aeda, cuando concluyó el tiempo del evento y cerramos intempestivamente el local. Fin.

(Luego, entre brindis, abrazos y saludos, escuchamos la voz de Cromwell que desde la calle gritaba sus poemas: ¡¡¡ESTOY AL BORDE DE UNA LOCURA INCENDIARIA!!! Pese a todo/ tengo un lecho donde hacer reposar/ mis últimas preguntas/ donde puedo desangrar rabiosamente/ y sonreír el instante en que se cierra la puerta!!! Bacanes sus versos... y proféticos).

Saluuú!
.
Ahora sí: Fin.

Cromwell Castillo, Stanley Vega, Manuel Bustamante y David Novoa
(quien junto a Jorge Tume y César Olivares, son culpables de Poesía de Miércoles).

El respetable como siempre respaldando los miércoles culturales en Trujillo.

Stanley Vega leyendo sus poemas. Al lado, Manuel Bustamante.

Cromwell Castillo leyendo poemas de ¿Dónde acaso es camino?
(Demolición de los reinos - Sol Negro Editores, 2010)

sábado, 10 de julio de 2010

Neobarroco a la peruana. Por Paul Guillén

Uno de los sistemas de la poesía peruana contemporánea que ha sido poco estudiado por la crítica literaria es sin duda un "neobarroco a la peruana" que en realidad no guarda muchas semejanzas con el neobarroco latinoamericano de por ejemplo Néstor Perlongher, Roberto Echavarren o José Kozer. Este "neobarroco a la peruana" tendría como antecedentes dentro del ámbito peruano a Martín Adán, a "Trilce" de César Vallejo y a Carlos Germán Belli, y dentro del ámbito internacional a José Lezama Lima. Si hubiera que rastrear esta historia tendríamos que pensar en los años 70's como un síntoma de agotamiento de la poética central de tipo coloquial o conversacional. Hay dos claros ejemplos de un pase del coloquialismo a un experimentalismo en la poesía de Juan Ramírez Ruiz y Enrique Verástegui. Ese desplazamiento se produce desde "Un par de vueltas por la realidad" hacia "Vida perpetua", y desde "En los extramuros del mundo" hacia "Monte de goce", que por fecha de escritura corresponde a los años 74-75. Entonces esta historia del "neobarroco a la peruana" habría que rastrearla por esos años de surgimiento de nuevos lenguajes. Aquí quiero referirme a José Morales Saravia -Cactáceas (1979) y Zancudas (1983)-; Vladimir Herrera -Del verano inculto (1980)-; Magdalena Chocano -Poesía a ciencia incierta (1983) y Estratagema en claroscuro (1986); Reynaldo Jiménez -Tatuajes (1980) y Eléctrico y despojo (1984)*-, este sería un primer momento de esta historia. La mayoría de estos libros fueron leídos como rarezas dentro de "la hegemonía de lo conversacional" imperante en esos años. En un segundo momento otros autores provenientes del coloquialismo van a empezar a escribrir una poesía marcadamente neobarroca, pienso en Mirko Lauer con Sobre vivir (1986); José Antonio Mazzotti con Señora de la noche (1998) y Róger Santiváñez con Eucaristía (2004). Esta historia del "neobarroco a la peruana" se va a completar con autores como José Pancorvo con Profeta el cielo (1997), Rafael Espinosa con Geometría (1998), Book de Laetitia Casta (2003) y El anticiclón del Pacífico Sur (2007), Frido Martín con Naufragios (2003), Alberto Valdivia con La región humana (2000) y Patología (2000), Rodolfo Ybarra con Ruptura de heje (2006), Pedro Favaron con Movimiento (2005) y Oeste oriental (2008), Salomón Valderrama con Amórfor (2008), Giancarlo Huapaya con Polisexual (2007), Mónica Belevan con poemas publicados en revistas y antologías desde el año 2003, entre otros.

Para ejemplificar estos pases del coloquialismo hacia el neobarroco citaré un poema de Luis Rebaza Soraluz de su libro Hipervivientes (1980). El libro está compuesto por tres apartados Introito, Población activa e Hipervivientes, hay una mezcla de sistemas por un lado el coloquialismo, por otro lado un lirismo de lenguaje irracional, y por otro lado y levemente un neobarroquismo. Hay un poema que claramente se instala en ese fraseo neobarroco:

La cumbia del toro
Su don ya no es estéril: su creación
la segura marcha en el abismo.
José Lezama Lima

Para Edgar O'Hara y Carlos López

Ya en el abismo y -mulo al fin-
olvida el caminar.
Piensa, y su conciencia
es menor a la física caída. Un sol
azucarado atardece en su cuello,
en el lomo curvo por los brazos
de un sueño, donde una joven cebra
es la exótica belleza; antídoto
al que recurre en el abismo.

Al tonto grito las aguas callan
y el cielo precipita una delgada
cortina. Su cuerpo se afila en duro alfeizar
de piedra. Y el agua hace eco al sonido
de cascos estropeando el desfile
lavado por la lluvia. Como reloj solar,
una sombra parece aproximarse
al punto medio. Esforzado el paso del hombre
sobre el río, más al filo del mulo,
más ancho el cuerpo y el abismo.

El hombre al otro lado y el mulo
pensante en dirección contraria.
¿Pero, cuál retrocede? ¿Cuál avanza?
Qué levanta su pata delantera
¿Una esfera de cébridos países?
El musgo que la piedra fabrica
y el torso de una hembra se confunden
en la mente del mulo.

Un toro furioso galopa tristemente
en todo apagado mulo,
un toro escribe el círculo
que desciende su peso iluminado
en el abismo. De dos mundos
consta el universo; la muerte
de un pie en el aire. De una venda
en los ojos consta cada noche,
el sueño previo al nacer es un mulo
ciego al borde del abismo.

Lento, en su paso tenso,
inmoviliza el mundo.
A cada paso suyo el río crece
en la tarde y la escritura es hiedra
que aumenta el rastro dejado
por la lluvia. Piensa.
Tan solo como sólido,
en sus acciones sucede
del seso al paso. Ha vuelto
el caso en un eco de sismo
y su grito la creación parece.

La lluvia descubre las fisuras,
lava los ojos circulares
del mulo osado y gritando
su fuerza taurina contra el viento.

La ciencia es vana al mulo
que mastica un libro y sopla una flauta
en su garganta. Y el toro embiste. Piensa;
y su conciencia responde al movimiento.
Es el paso seguro, es el ritmo moral
que hacia el frente dirige en el filo
empinado. Y cae un hombre

junto al otro que el mulo ha soltado
hace tiempo en el abismo.
A la caída, otra luz de razón
ilumina al mulo perdido en el borde,
mientras su creación de un mundo
aumenta en otro grito
la noche de un abismo.

En perspectiva esta historia del "neobarroco a la peruana" tendría que analizarse prestando atención a las especificidades y métodos de composición de cada poeta, porque -y ahora si como el neobarroco latinoamericano- este "neobarroco a la peruana": "ha ido incorporando otros gustos de moda y, es lo más remarcable, otros gestos de estilo hasta hacerse casi irreconocible canónicamente"**.

Notas
* Habría que hacer la salvedad que Reynaldo Jiménez si guarda estrechas semejanzas con el neobarroco latinoamericano. Como sabemos él vive desde muy joven en Buenos Aires (Argentina) y fue incluido en una de las mejores antologías del neobarroco, me refiero a "Medusario" de Kozer, Echavarren y Sefamí.
** Pedro Granados. "De lo neobarroco en el Perú". Identidades, número 64. Lima, julio de 2004.

La simplicidad divina de Fernando Pessoa. Por René P. Garay. Tabaquería, poema del autor portugués

Para Luis Rafael Sánchez
The limits of my language mean the limits of my world.
(Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus, 1919)

La visión del mundo en la poesía de Alberto Caeiro se opone a la que compartieron no sólo los otros dos heterónimos de la trilogía principal (Ricardo Reis y Álvaro de Campos) sino también a Fernando Pessoa ortónimo. Su poesía intentó representar la naturaleza tal como es, de una manera objetiva, sin entrar en las divagaciones de los poetas-pensadores. Se contentó el "mestre" Alberto Caeiro con apenas nombrar los objetos per se, sin preocuparse por el significado trascendental de la realidad, ni por ese trasfondo misterioso que tantas veces urgarán sus discípulos.1 Por consiguiente, las diferencias estilísticas entre Caeiro y los otros son notables, denotando así una demarcación entre ellos. ¿Será el objetivo de este ensayo el investigar las características estilísticas de este heterónimo pessoano? No exclusivamente, debido a la singularidad filosófica y espiritual del gran poeta-pastor.

El lenguaje poético, sencillo y fluído de Caeiro, es compatible con su sentimiento realista; esto, en parte, ofrece una verosimilitud determinada a su obra y lo convierte en un autor cuya sinceridad es poéticamente vital a su mensaje. Es más, existe una relación necesaria entre Caeiro--agente poético de Pessoa--y su estilo. Al elemento singularmente prosístico de sus versos--o sea, el enlace lógico de ideas afines--tendríamos que añadirle el hecho de que se trata de un poeta-filósofo (anti-metafísico), sin las afinidades saudosistas de Pessoa y sus otros alter egos.

Es también interesante que Caeiro, el más arraigado al suelo portugués ("nasceu em Lisboa, mas viveu quase toda a sua vida no campo"), sea, a la vez, el más distanciado de la poética tradicional; existe en él un deseo constante de depurar los poemas de obsoletos artificios retóricos y métricos. El "lenguaje poético" que heredó, con todas sus limitaciones y todos sus convencionalismos, le causan un pronunciado disgusto. En su poesía--paralelo a un tono libre de secretas intenciones, vacilaciones y timideces ideológicas--está su estilo original y puro. Esto se puede observar en el poema XXXVI de O Guardador de Rebanhos:

E há poetas que são artistas
E trabalham nos seus versos
Como um carpinteiro nas tábuas!...
Que triste não saber florir!
Ter que pôr verso sobre verso, como quem constrói um muro
E ver se está bem, e tirar se não está!...
Quando a única casa artística é a Terra toda
Que varia e está sempre bem e é sempre a mesma.
2

Al negar el lirismo saudosista de la poesía tradicional Lusitana, Caeiro propone una nuevo proyecto poético que surge de una fuente inspiradora mucho más clásica y positivista que reorganiza la manera de ver las cosas. La economía de su estilo señala una visión distante a la ideología poética de la Europa meridional, especialmente al de la Penísula Ibérica. Talvez esto nazca de la influencia inglesa en el mismo Pessoa.3 Sea cual fuere su inspiración original, se sabe que la poesía de Caeiro participa de una visión clasicista y es por eso que su depurado estilo es tan singular como la imagen bucólica del mismo poeta. Los rasgos clásicos del "mestre" poseen una importancia vital, ya que apuran una tentativa por parte del poeta de reproducir estilísticamente esas cualidades naturales--de condición ingenua--que asociamos con la estética greco-latina y que, a su vez, logra un modo de expresión propio; anti-peninsular y anti-pessoano. De aquí que Armand Guibert observara que en su poética "n'a jamais le flou et l'ouaté propres à la poésie atlantique".4

El "mestre" rechaza los avatares del hombre moderno, con toda su agitación tecnológica, prefiriendo en su lugar, la sencillez del mundo bucólico. En su serenidad expresiva, tan mesurada y sentenciosa, se revela una visión conservadora lo que nos hace recordar las convenciones de la antigua poesía pastoril y el bucolicismo de los poetas clásicos. En su estudio sobre Caeiro, Jane M. Sheets pretende excluírlo del ámbito poético, caracterizándolo como anti-poeta, siguiendo en esto los principios creadores que gobiernan la "poesía tradicional".5 Infelizmente, un acercamiento de este tipo, además de presuponer una definición tradicional de la creación poética, queda bastante restringido por causa de su anticuada perspectiva sobre lo que es "poesía"; particularmente si nos detenemos en el asunto de poesía contemporánea. En su definición del poeta tradicional como "a perceptive interpreter of his surroundings", observamos que el poeta--el "perceptive interpreter"--siempre intentará despejar y aclarar la realidad contextual, determinando así que la creación poética es, y ha de ser eternamente, subjetiva. Mas, fuera de la externa cobertura de rimas, imágenes, metáforas y otros tropos, descansa una realidad esencial y universal que el poeta descubre; una síntesis concreta que no necesita formas externas ni artificios retóricos, y que se manifiesta en sí. La singularidad del "mestre", por lo visto, consiste en su habilidad de captar la naturaleza intrínseca de las cosas en versos depurados y lacónicos que nada tienen que ver con el disfrazado saudosismo de la poesía tradicional portuguesa. Caeiro interpreta, sí ("Porque só sou essa coisa séria, um intérprete da Natureza"), pero lo hace con los ojos abiertos, con la tranquilidad o indiferencia del espectador abúlico. Paralelo al comentario de Eduardo Lourenço que la poesía en Caeiro se manifiesta "pela presença nela do visível sofrimento espiritual", señalemos aquí la importante función del ritmo que también confirma la integración poética de su producción artística.6

El verso de Caeiro puede tener poca rima, pero, como lo confirma José Augusto Seabra, tiene su propia cadencia rítmica: "Et la répétition des mêmes mots de vers en vers, n'exerce-t-elle une foncion identique a celle de la rime?".7 Este ritmo se manifiesta con frecuencia por medio de la repetición de palabras y hasta de frases enteras. Sin duda, tal primitivismo anafórico--la estudiada combinación y repetición melódica de acentos y pausas--ejerce la misma función de la rima aunque en un plano más amplio. Octavio Paz hace resaltar esta asociación necesaria entre el ritmo y la poesía moderna cuando observa que:

El ritmo es condición del poema, en tanto que es inesencial para la prosa. ... Dejar al pensamiento en libertad, divagar, es regresar al ritmo; las razones se transforman en correspondencias, los silogismos en analogías y la marcha intelectual en fluir de imágenes. Pero el prosista busca la coherencia y la claridad conceptual. Por eso se resiste a la corriente rítmica que, fatalmente, tiende a manifestarse en imágenes y no conceptos.8

Sin embargo, esa "coherencia y claridad conceptual"del prosista también forman parte del estilo particular del poeta Caeiro: de ahí la calidad analítica de su poesía.

En el poema XIII de O Guardador de Rebanhos, se observa el ritmo intenso de los tres versos iniciales, el cual es provocado por la reiteración de la palabra "leve" y por la combinación de "muito leve" en cada verso. Además de estas insistentes repeticiones, notamos el predominio de vocales átonas "i" y "e" en los tres primeros versos. La alteración abrupta entre estos versos iniciales y los dos últimos se debe a que la organización sintáctica de éstos últimos sea más coherente, aproximándose al encadenamiento lógico que alimenta el discurso narrativo. Apenas se relacionan con los tres primeros versos "átonos" en que el ritmo melódico, ahora invadido por las abruptas tónicas de las voces "não" y "sabê-lo", se deshace ante la marcada disonancia fónica que, a la vez, denuncia una inquietud filosófica:

Leve, leve, muito leve,
Um vento muito leve passa,
E vai-se, sempre muito leve.
E eu não sei o que penso
Nem procuro sabê-lo.

Este cambio de lo lírico a lo prosístico es consecuente con la evolución de la poesía contemporánea, en la cual, en oposición directa a la norma simbolista ("la musique avant toute chose"), son los conceptos en sí los que predominan y no la cadencia musical de los versos. Por lo contrario, estos versos, totalmente desprovistos de la retórica colorida que distinguía la poesía decimonónica, responden a una noción poética en la que se observa el origen de gran parte de la poesía moderna. Sin embargo, hasta en los versos más prosísticos de Caeiro, palpita un ritmo de total simplicidad que refleja su objetivismo visualista.

Al "mestre" le interesa poco la preceptiva poética y, por tanto, declara que "Raras vezes / Há duas árvores iguais, uma ao lado da outra" (XIV). Su verdadero interés reside en la simplicidade divina que descubre el poeta a cada instante: "O que é preciso é ser-se natural e calmo / Na felicidade ou na infelicidade, / Sentir como quem olha" (XXI). Todavía en el poema XIV insiste Caeiro en este principio divino de su mesurada ars poética:

Não me importo com as rimas. Raras vezes
Há duas árvores iguais, uma ao lado da outra.
Penso e escrevo como as flores têm cor
Mas com menos perfeição no meu modo de exprimir-me
Porque me falta a simplicidade divina
De ser todo só o meu exterior.
Olho e comovo-me,
Comovo-me como a água corre quando o chão é inclinado,
E a minha poesia é natural como o levantar-se o vento...


El estilo del "mestre" hace resaltar de una manera natural su idea de la realidad objetiva como única esencia. El lenguaje se adapta a su visión del mundo, un mundo desprovisto de complicaciones fantasiosas. Esta simbiosis entre su pretendida visión imparcial y un reducidísimo repertorio léxico es lo que le proporciona ese estilo lúcido y discursivo que caracteriza su obra. Predominan, por ejemplo, los sustantivos concretos como "flor", "árbol" y "río". Esta "pobreza de vocabulário"9 (aseveración de Jacinto do Prado Coelho) refleja una intención de igualar la palabra (significante) con el fenómeno en si (significado), porque "tudo é como é e assim é que é" (XXIII), nos dice el "mestre", queriendo evitar el símbolismo incoherente de la tradición poética. Para Caeiro, el poeta místico es un filósofo enfermo porque no comprende que "as pedras são só pedras, / E que os rios não são senão rios, / E que as flores são apenas flores" (XXVIII). Por ende, evita la acumulación de adjetivos que encubre la realidad. No obstante, a veces, se vislumbra una inclinación enfermiza ("doente") en Caeiro quien, a la manera de esos poetas místicos que rechaza, se desliza hacia imágenes subjetivas y sentimentales, como "pomba estúpida", "pomba feia" o "olhos quentes". Estos pocos "lapsos" descubren, sin embargo, una intención de búsqueda más íntima, aunque el desvío del "mestre" sea contrario a su visión poética.

Debemos también reparar en el hecho de que el mundo bucólico que Caeiro tan asiduamente idealizó, se convierte en el siglo XX, en un mundo anacrónico. El "mestre", aunque deseara ser apóstol del paganismo, es en resumidas cuentas, víctima de su formación católica y, por lo tanto, condenado al dogmatismo subjetivista-cristiano que impregna toda la heteronimia pessoana. Es por eso que los versos de Caeiro, en su mayor parte exentos de cualquier sentimentalismo, manifiestan una esporádica adjetivación de índole subjetiva, rasgo de la latente sensibilidad ibérica del poeta ortónimo. Le era imposible al "mestre" anular, aun queriéndolo, lo que el propio Pessoa llevaba en la sangre: La indeleble tradición cristiana.

Sin embargo, esta aparente contradicción en el ars poética del "mestre" no niega su sinceridad estética sino que muestra a un Caeiro más humanizado debido a este insignificante contrasentido, un Caeiro menos ficticio que se aproxima a la realidad de todos los hombres. En caso contrario, Alberto Caeiro hubiera sido un mero portavoz de conceptos pessoanos y, por ende, una figura estéril e, irónicamente, controlada por su mismo "discípulo".

La economía de vocabulario en la composición poética intenta extraer de las cosas su realidad. Para Caeiro, tal austeridad es la que produce una poesía sincera y válida, los vocablos en sus versos no son, como observa Octavio Paz "puentes que nos llevan a otra orilla", sino la ¡la otra orilla!, a la manera de pueblos primitivos en cuyos ritos la palabra era realidad: "el signo y el objeto representado eran lo mismo".10 Análoga realidad es lo que consigue el "mestre" en O Guardador de Rebanhos. En cuanto Ricardo Reis, Álvaro de Campos y Pessoa ortónimo (al igual que otros heterónimos) falseaban el contexto real de su existencia, Caeiro, con aquel estado de tranquilidad sublime de los poetas primitivos, descubría la realidad de las cosas; Caeiro poetizaba al pronunciar el nombre del objeto, sin analizarlo ni divagar sobre él. Si se acepta esta premisa, se nos hace mucho más perspicaz el comentario de José Augusto Seabra acerca del lenguaje de Caeiro: "Le secret de Caeiro est de puiser sa poésie dans l'absence de ‘poésie', à travers d'un langage depouillé et direct".11

Una cuidadosa lectura de su obra, comprueba que el verbo "ser" es, de hecho, el más usado por el poeta. Esta preferencia indica su preocupación con el estado inherente y permanente de las cosas. Caeiro emplea el verbo "pensar" de vez en cuando aunque muchas veces lo neutraliza con connotaciones nocivas. En los comentarios de Dieter Messner se nota que algo semejante ocurre con la palabra "metafísica": "Porque se o contexto é respeitado, vemos que a ‘metafísica' só é mencionada tantas vezes para que possa ser completamente refutada".12 El tiempo verbal más utilizado es el presente del indicativo: "Vale mais a pena ver uma coisa sempre pela primeira vez que conhecê-la, / Porque conhecer é como nunca ter visto pela primeira vez," (Poemas Inconjuntos, IV). A Caeiro le gusta negar el tiempo pasado y el futuro, insistiendo en un presente eterno como al que tanta referencia hace. Para él, todo es original e instintivo cuando se encuentra fuera del tiempo cronológico. Salvo en raras excepciones (los cuatros poemas del "doente"), no emplea mucho el subjuntivo, dado que este modo del verbo indica una suposición o irrealidad que no le interesaría reflejar. De hecho, Ricardo Reis atribuye esta particularidad (en O Guardador de Rebanhos y O Pastor Amoroso) a la enfermedad del poeta y a la influencia de la mitilogía cristiana.13

Caeiro quiere exprimir--sin equívocos--la realidad externa de las cosas y por eso prefiere el uso del presente del indicativo, tiempo que, unido al uso frecuente del gerundio, realza la desvalorización cronológica de su universo poético: "Vive, dizes, no presente; / Vive só no presente" (Poemas Inconjuntos, XXVIII). En su estilo, no se observa ese complicado orden verbal que encontramos, por ejemplo, en Ricardo Reis. Todo aquí goza de una sintaxis sencilla con determinantes rasgos de oralidad. La sintaxis poética, aparte de cumplir con el propósito rítmico mencionado, se caracteriza por un enlace fundamentalmente lógico en el cual casi todas las frases se encadenan y subordinan. Jacinto do Prado Coelho compara al "mestre" con el más expresivo de la trilogía heteronímica, Álvaro de Campos: "Ambos dão livre curso ao pensamento interrogando retóricamente, exclamando, recorrendo a giros sintáticos que imprimam vivacidade e ênfase persuasiva à linguagem".14

Sin embargo, Caeiro no utiliza la exclamación con el vigor ni la frecuencia de Campos. El poeta-pastor prefiere comunicar su mensaje claramente, sin el nervioso furor de su frenético discípulo. En sus poemas, de acuerdo a Messner, la interrogación retórica apenas aparece sesenta y ocho veces y la exclamación treinta y dos veces. Es de señalar que el proceso exclamativo en Caeiro parece ser más bien el asombro ante la naturaleza y no el grito existencial, violento e histérico, de Álvaro de Campos, "el más histéricamente histérico en mí", según confiesa Fernando Pessoa en una carta a Adolfo Casais Monteiro.15 Comparemos estos momentos histriónicos de Álvaro de Campos con el candoroso asombro de Caeiro en el poema XXVI de Poemas Inconjuntos:

Ah! querem uma luz melhor que a do Sol!
Querem prados mais verdes do que estes!
Querem flores mais belas do que estas que vejo!
A mim este Sol, estes prados, estas flores contentam-me.
Mas, se acaso me descontentam,
O que quero é um sol mais sol que o Sol,
O que quero é prados mais prados que estes prados,
O que quero é flores mais estas flores que estas flores –
Tudo mais ideal do que é do mesmo modo e da mesma maneira!


Igualmente raras, son la acumulación de metáforas, metonímias y sinestesias de la tradición saudosista. En esto se anticipa a la nueva escuela francesa de belles lettres para la cual el uso repetido del tropo denuncia un limitado y seductor subjetivismo. Alain Robbe-Grillet, estudia la función neutralizadora de esta imagen retórica en su ensayo "nature, humanism, tragédie" al observar que:

La métaphore, qui est censée n'exprimer qu'une comparaison sans arrière-pensée, introduit en fait une communication souterraine, un mouvement de sympathie (ou d'antipathie) qui est sa véritable raison d'être. Car, en tant, que comparaison, elle est presque toujours une comparaison inutile, qui n'apporte rien de nouveau à la description.16

Según el crítico y novelista francés, esta "comunicación secreta" entre el autor y el lector internaliza la naturaleza de las cosas y, al apropiarla, la corrompe de tal forma que sus componentes se antropoformizan, desechando así sus caracteristicas más esenciales. La metáfora, nos advierte Robbe-Grillet, nunca es un tropo sin culpa.

La visión clásica de Caeiro no le permite disimular la realidad de su poesía con estas metáforas artificiosas e inútiles. Lo que logra con su reflejo poético de la realidad, despojado de adjetivos excesivos y comparaciones análogas, es darnos los contornos del fenómeno a ser poetizado, de ahí que sea una poesía universal. Para Pessoa, el error del poeta subjetivista de tradiciones románticas es el de preocuparse exclusivamente en exprimir sentimientos íntimos, criterio ese "que o artista objetivo não aceita, porque a arte objetiva é que é arte, por isso que é uma cousa realizada, que passa para fora do artista e não fica nele, como a emoção que a produz".17 Es más, la exuberancia metafórica de la poesía tradicional, exige una constante reflexión por parte del poeta y tiende a impedir la espontaneidad creadora; Caeiro, a quien tanto le importa sólo ver las cosas--apartándose de irrelevantes sensaciones personales--no puede menos que ofrecer versos sin analogías subjetivas.

Por tanto, lo que predomina es el poder sugestivo de la palabra en que raras veces nos da una comparación explícita; sin embargo, la evocación simbólica de la palabra, en un determinado contexto ideológico, le otorga al "mestre" el poder mágico de la voz poética. Maria da Glória Padrão acierta en señalar que "o fluir hídrico" en la repetición del vocablo "río", por ejemplo, sugiere el tiempo. Tal procedimiento artístico en Caeiro-Pessoa concuerda perfectamente con su obsesivo deseo de reducir todo aquello que es intangible y abstracto "à categoria de objeto: isto quer dizer, à categoria de cousa análoga a qualquer cousa que ocupa o mundo exterior".18

Cuando el "mestre" decide emplear la metáfora explícita intenta establecer una relación tan elemental que el efecto de lo sugerido dependerá de la capacidad imaginativa del lector, siendo ésta la que determinará lo prosístico vis-à-vis lo poético en Caeiro. Su propósito es delinear una impresión, un concepto, una sensación, evitando todo proceso interior que ponga en peligro su intención anti-subjetiva. La conjunción "como"--la cual obviamente patenta que el poeta subraya una comparación de índole metafórica--vincula muchas veces una declaración abstracta-emotiva con otra concreta-explicativa: "E se sente a noite entrada / como uma borboleta pela janela" (I); "fiquei sombrio e adoecido e saturno / como um dia em que todo o dia a trovoada ameaça" (IV). Estas comparaciones, sin embargo, por muy escuetas que aparezcan en el contexto de la anti-poesía de Caeiro, denotan una inquietud velada. Estamos, pues, ante una postura creadora que revela, en estos momentos de tensión poética, una subjetividad acongojada; una poética de la sinceridad que intenta ocultar bajo el manto del sensacionismo objetivo o la negación del enfermo pensar del hombre, la angustiada condición humana. No nos olvidemos, en fin, que Alberto Caeiro es nada más, nada menos que una metáfora de Fernando Pessoa; metáfora en que el poeta-pastor se identifica a si mismo en términos metafóricos: "um pastor de cajado na mão, guardando o seu rebanho. Caeiro é assim, um poeta-metáfora".19

En resumen, el estilo sencillo y fluido de Alberto Caeiro refleja su actitud clásica ante la vida: un mundo libre de las complicaciones mentales del hombre moderno. Su bucolicismo sensorialista, el cual permea casi toda su obra, es una manera de evadir, estéticamente, la realidad mecanizada y angustiada del ambiente urbano. Aunque no se le considere poeta, según la definición "tradicional" de la palabra (él mismo rechazó la idea), el "mestre" vio las cosas con esa objetividad esencial que sólo el auténtico (y primitivo) descubrimiento poético alcanza. El mágico encanto del "mestre", así como su original y depurada postura retórica, residen en la capacidad divina de poder transmitir no sólo su filosofía de vida, sino también su poética: "Aquilo de que não se pode falar, é necessário calá-lo".20

René P. Garay
The City College - Graduate School
The City University of New York, 2000.


1. En carta a Adolfo Casais Monteiro, Fernando Pessoa también se torna discípulo de la ficción-Caeiro cuando confiesa que: "E o que se seguiu foi o aparecimento de alguém em mim, a quem dei desde logo o nome de Alberto Caeiro. Desculpe-me o absurdo da frase: aparecera em mim o meu mestre." En Fernando Pessoa, Páginas de Doutrina Estética (Lisboa: Inquérito, 1946), p. 264.
2. José Barbosa Machado. "Alberto Caeiro: O Guardador de Rebanhos." En Vida e Obra de Fernando Pessoa. CD-ROM (Porto: Porto Editora, 1998). Todos los textos que se citan proceden de esta colección electrónica.
3. Adolfo Casais Monteiro, Estudos Sobre a Poesia de Fernando Pessoa (Rio de Janeiro: Livraria Agir, 1958), pp. 157-58.
4. Le Gardeur de Tropeaux et les Autres Poèmes d'Alberto Caeiro (Paris: Gallimard, 1960), p. 12.
5. "Fernando Pessoa as Anti-Poet: Alberto Caeiro", Bulletin of Hispanic Studies, XLVI (Janeiro, 1969).
6. Pessoa Revisitado: Leitura Estruturante do Drama em Gente (Porto: Inova, 1973), p. 41.
7. "Alberto Caeiro ou le degré zéro de la poésie" Sillages, I (1972), p. 55.
8. El arco y la lira (México: Fondo de Cultura Económica, 1956), p. 68. Pessoa, en un ensayo de estética literaria (1930?), insiste en este mismo elemento fónico: "Poesia e prosa não se distinguem, pois, senão pelo ritmo. O ritmo corresponde, é certo, a um movimento íntimo da alma;" En Fernando Pessoa. Páginas de Estética e de Teoria e Crítica Literarias. George Rudolf Lind y Jacinto do Prado Coelho, eds. (Lisboa: Atica, 1973), p. 76.
9. Diversidade e Unidade em Fernando Pessoa (Lisboa: Verbo, 1969), p. 25.
10. El arco y la lira, p. 27 y 29.
11. "Alberto Caeiro", p. 55.
12. "Algumas observações sobre a estadística lingüística aplicada a Fernando Pessoa" in Revista de Portugal, XXXV (Janeiro, 1970), p. 35.
13. Fernando Pessoa, Páginas Intimas e de Auto-Interpretação (Lisboa: Atica, 1966), p. 355.
14. Diversidade, p. 34.
15. Pessoa. Obra Poética. Miguel Angel Viqueira, ed. (Barcelona: Ediciones 29, 1997), Tomo I, p. 319.
16. Pour un Noveau Roman (Paris: Les Editions de Minuit, 1963), p. 60.
17. Fernando Pessoa: Páginas de Estética, p. 18.
18. Páginas Intimas, p. 179.
19. José Augusto Seabra, Fernando Pessoa ou o Poetodrama (Lisboa: INCM, 1988), p. 158.
20. Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus. En "Sobre Caeiro e Alguma Filosofia", Pedro Aruaújo Figueiredo. Actas do 10 Congreso Internacional de Estudos Pessoanos (Porto: Brasília Editora, 1978), p. 628.


Tabaquería, poema de Fernando Pessoa
No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,
con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada.

Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviese otra fraternidad con las cosas
que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
la fila de vagones de un tren, y una partida pintada
desde dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos a la ida.

Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que le debo
a la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

He fracasado en todo.
Como no me hice ningún propósito, quizá todo no fuese nada.
El aprendizaje que me impartieron,
me apeé por la ventana de las traseras de la casa.
Me fui al campo con grandes proyectos.
Pero sólo encontré allí hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual que la otra.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué voy a pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero ¡pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede haber tantos!
¿Un genio? En este momento
cien mil cerebros se juzgan en sueños genios como yo,
y la historia no distinguirá, ¿quién sabe?, ni a uno,
ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas convicciones!
Yo, que no tengo ninguna convicción, ¿soy más convincente o menos convincente?

No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol verdadero
ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no ha nacido para eso;
seré siempre el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)

Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero por lo menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble, al menos, en el gesto amplio con que tiro
la ropa sucia que soy, sin un papel, para el transcurrir de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.

(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como una estatua que estuviese viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y disimulada,
o marquesa del siglo dieciocho, descotada y lejana,
o meretriz célebre de los tiempos de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no me imagino bien qué-,
todo esto, sea lo que sea, lo que seas, ¡si puede inspirar, que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus, me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me acerco a la ventana y veo la calle con absoluta claridad,
veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo a los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo a los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)

He vivido, estudiado, amado, y hasta creído,
y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira,
y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído
(porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
puede que hayas existido tan sólo, como un lagarto al que cortan el rabo
y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente.

He hecho de mí lo que no sabía,
y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el antifaz,
lo tenía pegado a la cara.
Cuando me lo quité y me miré en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había quitado.
Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
ojalá pudiera encontrarme como algo que hubiese hecho,
y no me quedase siempre enfrente de la tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como una alfombra en la que tropieza un borracho
o una estera que robaron los gitanos y no valía nada.

Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la puerta y se ha quedado a la puerta.
Le miro con incomodidad en la cabeza apenas vuelta,
y con la incomodidad del alma que está comprendiendo mal.
Morirá él y moriré yo.
Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la muestra,
y la lengua en que fueron escritos los versos,
morirá después el planeta girador en que sucedió todo esto.
En otros satélites de otros sistemas cualesquiera algo así como gente
continuará haciendo cosas semejantes a versos y viviendo debajo de cosas semejantes a muestras,
siempre una cosa enfrente de la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra.

Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,
y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
y disfruto, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto.

Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana.

El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.)
Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto.
Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves!, y el Universo
se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.

jueves, 8 de julio de 2010

HOY: Presentación del libro LOS LÍMITES DEL ODIO de José Briceño Berrú en Café Bar 900 de Chiclayo

PRESENTACIÓN DEL LIBRO

LOS LIMITES DEL ODIO de
José Enrique Briceño Berrú
en Chiclayo

Presentan:
Stanley Vega
Armando Arteaga
Juan Félix Cortés

Día: 08 de julio
Hora: 07:00 p.m.
Lugar: Café 900
(María Ízaga 900)

Se agradece la asistencia.

miércoles, 7 de julio de 2010

Signos en movimiento. Por Carlos Eduardo Quenaya

A la poesía post-2000 le corresponde –a la par que una equívoca denominación– una producción sin bordes definidos, un catálogo de libros y autores sin perfil o fisonomía propias. Existen, como es natural, gestos, actitudes, muecas, contorsiones. Pero todas ellas sobreviven a la sombra de las incuestionables (o incuestionadas) voces de la tradición. Así, a la lista de grupos, revistas, recitales, eventos y reseñas que invariablemente se hacen al hablar de la poesía de estos últimos años, poco a nada habría que añadir, salvo que se trata de un proceso mudable y disparejo (y quién sabe si, con el tiempo, esta indeterminación represente su rostro más reconocible).

José Carlos Irigoyen, en su largo y descuidado comentario sobre poesía peruana última –La hegemonía de lo conversacional (2008)–, intenta vislumbrar las líneas principales de la poesía venidera. La virtud del texto de Irigoyen –sin pasar por alto la reiteración de predecibles tópicos y nombres– consiste, sin duda, en ensayar fallidamente el viejo conservadurismo al que estamos acostumbrados. Y es importante subrayarlo. Ser conservador en poesía es una práctica obsoleta. Los circuitos comunicativos que se han afianzado en esta última década nos permiten cotejar, descubrir o proponer lecturas nuevas que tengan mayor o similar impacto que los discursos tradicionales (casi siempre empeñados en auto-legitimarse a toda costa).

¿Cómo empezaríamos a leer la más reciente poesía peruana si aceptáramos –por ejemplo– que los morosos inventarios de Gonzáles Vigil hace rato llegaron a dique seco? Creo que este es el clima en el que se vuelve particularmente significativo analizar algunas de las propuestas que ayudarían a dinamizar el espacio poético actual, el cual parece haberse convertido prioritariamente en un escenario virtual, en relación cada vez más difusa con sus referentes geográficos.

El Grupo Literario Signos es un buen ejemplo de ello. Responsable de dos libros grupales y de un blog dedicado a la literatura, el grupo chiclayano representa, no sin altibajos, una perspectiva refrescante para las posibilidades del diálogo entre los diversos circuitos poéticos activos en este momento. Conformado por José Abad Ascurra, Cromwell Castillo Cabrejos, Ronald Calle Córdova y César Boyd Brenis, Signos se halla en un momento de expansión. Además de los poetas mencionados, se han venido incorporando a sus filas poetas de diverso calibre y procedencia (Marco Fonz, Ricardo Musse, Erika Madrid, Mario Morquencho, Hazzel Yen, etc.). Lo que entendemos como un esfuerzo por romper los ghetos literarios y abrirlos a nuevas influencias y formulaciones.

Pero, ¿cuáles son las perspectivas del trabajo poético de los integrantes de Signos? Su primer libro, sobriamente intitulado con el nombre del grupo, puede permitirnos advertir las continuidades y cambios que van desde Signos (2007) hasta Demolición de los Reinos (2010). El primero, teñido sin duda de un aliento romántico (no pocas veces ingenuo), nos acerca a una retórica que, en sus mejores momentos, logra una particular brillantez expresiva; tropiezos y aciertos que con matices propios se prolongan hasta su segunda entrega. Vale la pena, pues, comenzar a ponderar sus propuestas.

1. José Abad Ascurra. Una recurrente fijación tanática alienta la escritura de Absolución de la Noche y Los últimos días de Caín, los dos conjuntos de poemas publicados por José Abad. No son pocos, sin embargo, los lugares comunes que hallamos en ellos. A Abad, al mismo tiempo que una convincente ansiedad por nuestra condición fugaz y perecedera, lo acompaña una sensibilidad religiosa que no siempre se aviene bien con su tema. En Absolución de la Noche, encontramos de manera enfática esta preocupación que lo hace caer en un ingenuo sentimentalismo culposo. Así, en versos como: Es tarde para empezar el mundo:/ Dios ha muerto. (Artificios); El deseo abotaga los sentidos/ y maldecimos la carne. (Proverbios); Tu luz es una epidemia y nada escapa/ a su lengua lasciva y sucia. (Formas).

Abad, no obstante, amplía significativamente sus recursos en su segundo poemario, Los últimos días de Caín. Aquí es donde alcanza sus mayores logros hasta la fecha. Un tono mesuradamente nocturno nos deja oír con más claridad su singular dicción:

Obsequias a la noche tu estrella.
Dejas regado en el camino
polen que brilla bajo tus pies.

Caminas con la delicadeza de la brisa.

Huyes a refugiarte entre los árboles
y eres
de pronto pájaro o mariposa
ciega.

Parafraseando uno de sus versos, creemos que a Abad le viene bien cantar sobre las tumbas, pero despojado de cierto patetismo romántico, y más a tono con una sensibilidad laica, y tal vez por ello mismo más piadosamente contemporánea.

2. Cromwell Castillo Cabrejos. Voces paralelas contra lo seco y ¿Dónde acaso es camino? son los dos poemarios que conocemos de Castillo. El primero de ellos está conformado por Agua (un sólo poema dividido en 10 estancias) y Transfiguración o el sonido, que incluye 6 poemas más. Sin desestimar su segundo trabajo, creemos que es en este primer conjunto poético donde Castillo demuestra con mayor solvencia su capacidad para el poema ceñido y sagazmente especulativo. Agua constituye una lúcida indagación de la identidad propia y de la vaporosa materialidad de la escritura poética. La honda perplejidad de ser y el esquivo reflejo del que se contempla en el poema-agua, son algunas de las directrices necesarias para entender este poema que da el tema y el tono a Voces paralelas contra lo seco:

Más allá, en mí,
correspondo al impulso súbito
de parecer Agua:
Ella tiende a sublimarse;
yo asisto a esa evasión.
Cuando ocurre,
mi canto en lo alto prolonga ceremonias
pero no es escuchado:
No hay nada más allá arriba,
sólo ella hablándome,
imperturbable acaso y apartada
de nuestra vida circular
entre todo lo inexacto.
Por eso,
allá en la cima,
no contiene ninguna respuesta:
Es la respuesta.
Y desde esta sencilla superficie
blanca,
solemne se la puede escuchar.

Con un lenguaje más irónico y sentencioso, ¿Dónde acaso es camino? nos convence menos. Las observaciones lacónicas de estos poemas bordean el cliché y se echa en falta la perspicacia poética de Castillo: El amor es eso, llanamente eso./ El amor es todo lo contrario. (Viceversa). A pesar de ello, pensamos que este texto puede resultar a la larga una salida hacia nuevos temas y modos que supongan aciertos mayores.

3. Ronald Calle Córdova. En Agonía compartida, Ronald Calle escribe con la afectación propia de quien todavía no se halla afiatado en el ejercicio poético. Sus tanteos padecen, en general, de cierta grandilocuencia que echa mano de algunos tópicos que resultan especialmente previsibles, sobre todo si tenemos en cuenta su principal influencia (Vallejo): El orbe está sudando su estío en mi frente/(…) levantemos la antorcha del hambre,/ miles de hombres nos contemplan. (Agonía compartida); El recorrido es largo y tu descanso/ teórico (Travesía bípeda); Giro a la derecha y choco con grietas y más grietas/ en la tierra, / perdóname vida,/ las he comparado con las grietas de tu alma. (Crónica de un viajero).

Su segundo poemario, Abandono del hastío, se inicia con un poema mucho más auspicioso:

Mis palabras son como niños
buscando la lluvia.
Luego todo queda en calma,
avanzo
junto a cualquier rostro distante
con los dientes mojados.

Escribir con los dientes mojados (o lo que es lo mismo, con la voz alerta y la inocencia rediviva) es, precisamente, la consigna que Calle no debería olvidar. Sólo así le será posible superar, de una vez por todas, lo que en otra parte declara: La vida ya se me torna/ un verso interminable. (XVIII).

4. César Boyd Brenis. Heterónimos frente al espejo, primer conjunto de poemas de Boyd, trasunta desde el título un saludable clima pessoano. Organizado a través de 3 alter-egos (los heterónimos del título), Boyd ensaya poemas donde predomina la zozobra por la pérdida de la amada. Sin ser parejo, este poemario obtiene sugestiva riqueza expresiva en Poesía Rivadaviana . Leamos un fragmento:

Lo artificial perdura nítidamente
en la claridad de alguna fiesta que Romeo busca
...........para otra alteración del ser.
Las golfas de piel intacta
se reparten por igual en salones uniformes.
La luz escarpada corresponde a una maldición de plenilunio
La luz en las alturas absorbe a cada noctámbulo
como una esperanza, como aguardar la esperanza
..................con el cigarrillo en los labios.

Pero Boyd no apuntala mejor su segunda entrega: Persistencia del alarido. El conjunto nos da la impresión de no ser otra cosa que un ejercicio de estilo. Las indagaciones en torno a la poesía –el tema que integra estos poemas– son, casi siempre, inocuas, y sorprende la presencia de versos e imágenes bastante triviales: El aleteo del ave es necio/ entre las ramas que sueltan latigazos,/ entre los vientos /que matan el honor.( Utopía del vuelo); ¡Oh portador del sonido silencioso! (Oda a lo perecedero).

Creemos, para terminar, que a los poetas de Signos –como a los poetas post-2000 en general– sólo les queda trabajar por decantar sus propuestas a través de un camino inédito y auténticamente personal. En tiempos en los que la poesía es el género marginal por excelencia, resulta oportuno lanzarse a la aventura de escribir y leer con la sensibilidad ávida y el pensamiento alerta. Estamos convencidos de que ese es, finalmente, el raro privilegio que le corresponde a la poesía.

Arequipa, 13 de junio del 2010.

I GIRA DE NOVELISTAS LATINOAMERICANOS EN PERÚ: Del 12 al 27 de julio de 2010. Coelho, Lage, Apablaza, Chávez, Peña, Carlín y Biedermann

El año pasado Ediciones Altazor realizó la primera gira de escritores peruanos por el norte del país. La experiencia fue enriquecedora, no podía ser de otra manera si en el altazormóvil nos acompañaban Carlos Calderón Fajardo y Sócrates Zuzunaga. Entonces prometimos repetir la aventura, pero pensando en involucrar a escritores de toda nuestra América. Lo que salió como un tema más de la conversación cobró cuerpo y ahora nos complace anunciar el lanzamiento de la I GIRA DE NOVELISTAS LATINOAMERICANOS, que se inaugurará en Ayacucho el 12 de julio del presente y se clausurará en Lima el 26. El itinerario comprende los departamentos de Ayacucho, Junín, Áncash, La Libertad, Lambayeque, Piura y Lima. Este acontecimiento se realizará gracias a la alianza estratégica de nuestra editorial con la Fundación Eduardo y Mirtha Añaños. Lo que nos confirma que aún se puede trabajar proyectos de esta naturaleza con empresas privadas que sí han entendido la importancia de la proyección cultural. Esta gira que se inicia al modo de una expedición libertadora, coincide con el bicentenario de la independencia política de América Latina, partirá de Ayacucho hacia otras ciudades como Huanta, Tarma, Huancayo, de nuestros andes centrales y continuará hacia el norte por Chimbote, Trujillo, donde se presentarán las 7 novelas en la Alianza Francesa y en el histórico auditorio César Vallejo de su Universidad Nacional, continuará en Chiclayo y después anclará en Piura, ciudad donde Jorge Tume, con Infolectura, ha organizado la I Primera Feria Internacional del Libro.

Sabemos que este será un evento cuya trascendencia se debe gracias a la calidad de los escritores convocados, autores menores de 40 años que gozan de una obra potente que nos habla de la excelente salud de la literatura latinoamericana. Un aporte que sin duda es nuestro granito de arena para curar las fracturas de un territorio agobiado por las constantes crisis políticas, sociales y económicas a quienes aún sobrevivimos. Esta primera gira convocó a los siguientes escritores: Oliverio Coelho (Argentina) con su novela BORNEO; Jorge Enrique Lage (Cuba) con CARBONO 14: UNA NOVELA DE CULTO; Claudia Apablaza (Chile) con EME/A; Miguel Antonio Chávez (Ecuador) con LA MANIOBRA DE HEIMLICH; Pedro Peña (Uruguay) con LA NOCHE QUE NO SE REPITE; Ernesto Carlín (Perú) con TAKASHI: HISTORIAS ROBADAS y Juan Ramírez Biedermann (Paraguay) con EL FONDO DE NADIE. Ellos son los culpables de esto nuevo itinerario, ellos son nuestros seleccionados, con ellos y por ellos partimos, doscientos años después, hacia otra expedición libertadora.

Willy del Pozo & Harold Alva
Ediciones Altazor.


Además se pondrá en circulación IMAGINARIO, antología de narrativa latinoamericana: “Siete autores (Coelho, Lage, Apablaza, Chávez, Peña, Carlín y Biedermann). Siete tomas para presentarnos una muestra sobre lo que acontece con la literatura de América Latina. Lo inusual radica en que estos narradores se desplazan con destreza tanto en el cuento como en la novela, un irrefutable indicador de la buena salud de su producción. IMAGINARIO puede leerse como un mapa que cruza los cánones de un momento escritural que apela a las vanguardias, que las revitaliza e interviene para construir otra ruta que va más allá de las fronteras de una lengua como institución, como actitud lineal de soporte”.

PARTICIPANTES DE LA GIRA

CLAUDIA APABLAZA. Chile, 1978. Estudió Psicología y Literatura en la Universidad de Chile y postgrado en Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha publicado el libro de relatos Autoformato (2006) y la novela Diario de las especies (2008). Actualmente es profesora del Laboratorio de escritura y encargada de la colección de vanguardias latinoamericanas de Barataria editorial.

PEDRO PEÑA. Uruguay, 1975. Fundó la revista de culto La letra breve. Realizó estudios de Literatura en el Instituto de Profesores Artigas, egresando del mismo con el título de Profesor, cargo que hoy desempeña. En mayo de 2006 obtuvo el Primer Premio en el Concurso Nacional de Narrativa organizado por Ediciones de la Banda Oriental. Su libro de ciencia ficción, Eldor, fue publicado ese año y recibió muy buena crítica. Cuentos suyos han obtenido importantes reconocimientos en su país natal, figurando en antologías de narradores jóvenes y siendo publicados en importantes suplementos culturales. A su vez ha publicado trabajos críticos y de ficción en algunos de los medios de prensa más importantes de Montevideo: El País Cultural y La Diaria. Todas las semanas escribe la contratapa del diario Primera Hora de San José.

JUAN RAMÍREZ BIEDERMANN. Paraguay, 1976. Es abogado, egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción Año 2000. Miembro del Sub-Comité de Comunicaciones de la SubComisión del Bicentenario de la República del Paraguay. Músico, integrante de SABAOTH y EYESIGHT, con cuatro álbumes editados en el extranjero y una trayectoria de casi 20 años en la escena del género. Ha realizado conferencias tanto en Paraguay como en el extranjero. Acaba de editar NOBIS en la Bibliothèque latino-américaine de Québec. Ha sido publicado en diversas antologías a nivel internacional y es ganador de varios premios literarios.

OLIVERIO COELHO. Argentina, 1977. Publicó las novelas Tierra de vigilia (2000), Los invertebrables (2003), Borneo (2004), Promesas naturales (2006), Ida (2008), y el libro de cuentos Parte doméstico (2009). Realizó residencias para escritores en México y en Corea del Sur. Producto de esta última es Ji-do (2009), una antología de narrativa coreana contemporánea. Ha escrito artículos y críticas para los suplementos culturales de los diarios La Nación, El País, Clarín y Perfil. Actualmente escribe sobre novedades editoriales en la revista Inrockuptibles.

MIGUEL ANTONIO CHÁVEZ. Ecuador, 1979. Autor de Círculo vicioso para principiantes (2005), de la obra teatral La kriptonita del Sinaí (I Mención Premio Nacional de Dramaturgia 2009). Co-antologador de las compilaciones de cuento Historias bajo el árbol (2008) y Amigas del Yeti (2009). Antologado en El futuro no es nuestro (2008), Poesía/Cuento 1998-2008 (2009), Asamblea portátil (2009) y 22 Escarabajos: antología hispánica del cuento Beatle (2009), entre otras. Miembro fundador del colectivo literario Buseta de papel. Finalista del Premio Juan Rulfo 2007 de Radio Francia Internacional.

ERNESTO CARLÍN. Perú, 1984. Estudió literatura en la Universidad Católica de Lima y periodismo en España. Ha publicado antes la novela Falso al amanecer (edición de autor, 1999). Tiene inédita una especie de continuación titulada, Sicalípticos y reencauchados. Además, espera la próxima edición de su novela negra Carroña. Fuera del ámbito literario, ha colaborado en el libro Agencias de noticias: periodismo con precisión y rapidez. Actualmente se dedica al periodismo cultural en el diario El Peruano.

JORGE ENRIQUE LAGE. Cuba, 1979. Licenciado en Bioquímica por la Universidad de La Habana. Desde el año 2004 trabaja en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, como editor del sello Ediciones Cajachina y como redactor de la revista de narrativa El Cuentero. Entre 2005 y 2008 participa en los proyectos digitales “33 y 1/3” y “The revolution evening post”. Ha publicado los siguientes libros de cuentos: Yo fui un adolescente ladrón de tumbas (2004), Fragmentos encontrados en La Rampa (2004), Los ojos de fuego verde (2005) y El color de la sangre diluida (2008).
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