martes, 31 de agosto de 2010

Poemas de LÁGRIMAS, libro de Ricardo Musse Carrasco. Epílogo de Grabiel Garay Castillo

I
La orfandad de mis hijos y mi soledad
………………………………………/infinita,
llenan el inmenso vacío de mi corazón,
colman las vacuas palabras que no puedo dejar
de pronunciar ahora que escribo estos versos;
aunque, a veces, desearía estar malditamente solo,
para no infundirles estas insulares tribulaciones,
la mirada de ermitaño desfalleciente,
y este apesadumbrado y solitario oficio de poeta…

III
Mamá dijo –alguna vez- que Dios enjugaba,
……………../estremecido, nuestras lágrimas;
pero ha pasado ya tanto tiempo que su corazón
sólo atesora la aridez del desconsuelo,
donde ya no brotan, como antes, los remotos latidos
…………………………………………/de la dicha,
cuya maldición ha caído sobre los que concibieron
………………………………/a un Dios piadoso,
que guardaba, pacientemente, nuestras lágrimas para
consolarnos –algún día- con sus estériles misericordias.

V
Pero Dios también llora desconsoladamente;
pero si bien sus lágrimas purifican a esta tierra
………………………………………/inmunda,
llover sobre su faz cuarenta días y cuarenta
………………………………../noches,
aunque nos haya regocijado fugazmente el
corazón ese remotísimo arco iris;
qué lacerantes fueron los oscuros truenos,
qué hórridos los llantos torrenciales,
pero qué diluvio de aguas tan estéril
que no pudo arrasar completamente
…………../la maldad sobre la tierra.

VI
Hoy he vuelto a llorar como un niño,
indefenso, sollozante soledad, abandonado,
……………………………./gimientes latidos;
mamá con razón decía que vulnerables
……………………../siempre seríamos,
porque para su inmenso corazón nunca
……………………………/creceríamos,
sólo inundaríamos, con nuestras lágrimas,
estos vacíos infinitos del alma,
y porque simplemente así venimos al mundo:
Húmedos/líquidos/acuosos/ con el agua primordial
dentro de nuestra plañidera naturaleza…

X
Mi papá ha derramado lágrimas ahora viejo,
antes tenía un desierto en el corazón:
Tan extenso y desolado que todos cabíamos
……………………………………………/en él:
Con nuestras ilimitadas soledades,
con nuestros inmensos silencios,
con nuestros infinitos sequedales;
empero, el Viejo con sus lágrimas ahora todo
………………………………………../lo vivifica:
Nuestras palabras redivivas,
nuestros espíritus restaurados,

nuestras consoladoras Poesías.


Epílogo: Lágrimas
Ricardo Musse, nos traslada con su poemario Lágrimas, a ese lado agobiante y triste que todo ser humano experimenta: El sufrimiento. Sus versos, intensos y conmovedores, reflejan lo que siente el alma. En el fondo de su amarga visión, por el dolor de ver a sus hijos arrastrados a un mundo que quizá no merecían, nos hace ver que el ser humano no está adaptado para sufrir tantos días, semanas, meses y, quizás, años; y es, por ello, que deja fluir en su lenguaje, la impotencia y la desesperación:

….aunque, a veces, desearía estar malditamente solo,
para no infundirles estas insulares tribulaciones,….


Ricardo, logra con su lenguaje pulcro, transparente, sumergirnos, de manera sencilla, en el dolor provocado por un deseo cuya satisfacción le haría feliz, pero como ese sentimiento está insatisfecho, el resultado es la pena de sentirse abandonado. Aunque, parte de su ser siente que alguien poderoso también sufre; porque, hace tantos y tantos siglos, trató de extirpar, arrancar la maldad de la faz de la tierra y no pudo hacerlo (confiado, quizás, en que su creación jamás se volvería a dejar arrastrar por el padre del mal). Aquel ser divino que pareciera habernos olvidado -y no es así-, también derrama lágrimas.

[…]

Soy poeta, me dijo aquel día en que lo conocí; ahora, y sin temor a equivocarme, agregaría: ¡Poeta, y de los buenos! De los que, con su empeño, esfuerzo imaginativo y sensibilidad poética, logran plasmar, a través de su pluma, los más grandes sentimientos humanos. Ricardo lo viene demostrando y, es por ello, que sus obras han sido reconocidas y premiadas en certámenes nacionales e internacionales.

Grabiel Garay Castillo.

Los 40 de Poesía de Miércoles

lunes, 30 de agosto de 2010

Un par de cafés para la poesía peruana de los noventa. Por Carlos García Miranda. Noble Katerba y Grupo Neón

Rescato esta crónica, escrita por Carlos García Miranda en el 2008, porque me parece que está orientada con honestidad, sin la intención mediática de crear leyendas o ruidos falsos alrededor de los dos grupos que tuvieron protagonismo literario en la década de los 90. De esa manera, Carlos, libre de justificaciones, cumple con un desahueve oportuno. Qué duda cabe, esta es una historia lejana al manoseo amiguista o al afanoso y cumplidor texto argollero.
.
Este post está dedicado a dos grupos poéticos peruanos del noventa. El nombre del primero constituye un tropo (antítesis): NOBLE KATERBA, además de sus connotaciones contraculturales (el uso de la letra “K” es muy común entre los punks, por ejemplo). Un buen nombre, digamos, aunque sus integrantes no tengan nada de contraculturales, pero sí de nobles y tal vez, no lo sé, en algún momento hayan podido conformar una caterva (multitud de personas o cosas consideradas en grupo, pero sin concierto, o de poco valor e importancia. Usado en sentido peyorativo [RAE]).

Aparecieron a finales de los años ochenta en la Universidad Federico Villarreal como una suerte de tardío eco del grupo Hora Zero, aunque esto pueda ser una exageración de sus profesores. Y ya sabemos que toda imitación es de mal gusto. Sin embargo, en conjunto, podríamos decir que eran buenos poetas, arriesgados en el uso del lenguaje, conocedores de su tradición, y con un buen par de libros dignos de formar parte de cualquier antología peruana. De pronto, ese fue su problema: era un buen grupo poético peruano. Es decir, marcados por el retraimiento, la mudez, la tristeza y la tonta timidez –o escondida altivez- que ya César Vallejo se encargó de difundir por todo el mundo. Además, como que no iban a tono con una década que empezaba a bombazo limpio, apagones, muertes, lucha armada, represión, huelgas y más huelgas. Tal vez si hubieran sido bohemios a la peruana –es decir, capaces de beber hasta el hartazgo-, más viscerales, más alpinchistas, más descarados para gritar sus poemas más allá de las cuatro esquinas que rodean la Universidad Villarreal –ya sabemos que en el Perú “el que no llora no mama”- hubieran logrado ser no sólo un buen grupo de poetas, sino, acaso, el único digno de mencionar en cualquier historia literaria de los noventas.

.

Y lo tenían todo: juventud, talento, bellas integrantes, y una pasión indoblegable por la literatura. Sin pecar de exagerado, puedo decir que –como grupo- eran los más dotados intelectual y creativamente de todo aquel mar de poetas jóvenes que inundaron las universidades, centros culturales y bares de Lima. Sin embargo, encerrados en una pequeña y perdida aula de su universidad dejaron que la poesía peruana de esa década transcurra indiferente ante sus versos largos y bien compuesto. Y la década fue despiadada con ellos, casi borrándolos de su historia, recordados sólo por aquellos que alguna vez los escucharon en su pequeña aula universitaria –aula 14-, y los acompañó un par de sesiones, porque no eran tiempos de recitales para amigos, de recitales para nadie. El grupo dejó de ser aquel grupo inicial hacia 1994, más o menos. Algunos perdieron una y otra vez sus poemarios, otros abandonaron la poesía por una página en un diario deportivo, y los más se convirtieron en profesores mal pagados, con libros mal editados a su coste y riesgo. Sólo uno de ellos –la que abandonó primero el barco- logro escribir, publicar y promocionar debidamente uno de esos libros –del grupo- que podrían integrar el índex de la poesía –versión femenina- peruana de los noventa sin que nadie levante la ceja –común en los corrillos literarios limeños. Mención honrosa para un grupo que debió llevarse el primer premio, vaya final.

El segundo grupo nació de un error, y, como sabemos, lo que mal empieza mal acaba. “Bubu” era un dirigente estudiantil de la FUSM a inicios de los noventa y, siendo el flamante secretario de cultura, no se le ocurrió nada mejor para empezar su gestión que realizar un congreso de literatura. Pero “Bubu”, como buen estudiante de sociología, sabía poco, casi nada o simplemente nada ni del tema ni de literatura. Su conocimiento de la cultura comenzaba y terminaba en su grupo folklórico Ñawpamachu, donde tocaba el bombo. Así que, intentando pensar como sociólogo, decidió hacer trabajo de campo y se fue a la Facultad de Letras en busca de estudiantes de literatura que le ayudaran en su empresa. Investigando el asunto –o sea, preguntando a cualquier estudiante que se pasee con un libro en la mano por el Patio de Letras- esa mañana se encontró con un personaje que ni era estudiante de literatura, ni siquiera estudiante matriculado, sino un “alumno libre” al que acababan de prohibirle la entrada a una clase por “carecer de nivel universitario”, o sea, por interrumpir las clases con preguntas, digamos, “fuera de contexto”, y que “Bubu” por verlo con un libro de Rimbaud bajo el brazo confundió con un eximio estudiante de literatura y le propuso realizar su bendito congreso, que al final se llamó “I Encuentro de poesía peruana”. De ese error surgió el Grupo Neón.

Me explico, al falso estudiante de literatura, convertido en el lapso de los cinco minutos que duró su conversación con “Bubu” en el mejor alumno de su promoción por leer a Rimbaud y recitarlo como si se tratara de un vals de Lucha Reyes, poeta joven –jovencísimo porque acababa de nacer- y líder de un grupo que aún carecía de nombre, “Bubu”, no sé si por dejarle el trabajo duro a otro y quedarse con buena parte de los fondos que la FUSM le había prometido para ese evento o, puede ser, porque sucumbió –como muchos, según veremos más adelante- a la consabida labia peruana del susodicho, terminó encargándole organizar la parte “académica” del asunto. Por la tarde, aquel falso estudiante fue en busca de verdaderos estudiantes de literatura y convenció a tres de ellos –buenos estudiantes y poetas en ciernes-, no sólo de organizar la actividad, sino también de formar un grupo. Esa misma noche se fueron al centro de Lima en busca de "inspiración" para el nombre. A las dos de la mañana, ebrios de licor, sueños, pero sin nombre para el grupo, abandonaron el último bar. Caminaron varias calles dando tumbos entre la basura, los coches mal estacionados y niños que se drogaban con Terokal. En la avenida Wilson dos abordaron sus buses y se fueron a casa. Se quedó el falso estudiante y otro que, a pesar de tener más de treinta años, eran el más novato de todos. Precisamente éste, a poco de continuar su ruta hacia el Paseo Colón, se acercó a un árbol para orinar. Entonces el falso estudiante le gritó: “Oe, no seas meón”. El otro volteó, y dijo: “¿Cómo?, ¿neón?, ¿neón?... neón, ¡Neón!”. Y de ese segundo error prostático surgió el nombre. Lo que siguió después es más o menos conocido gracias a la autopromoción de los fundadores, re-fundadores y re-re-fundadores que tuvo este grupo en su accidentada existencia: realizaron el “Encuentro de poesía” como un grupo –apadrinados por Enrique Verástegui- y se disolvieron la misma tarde que terminó el evento; el falso estudiante volvió a fundarlo incorporando a otros poetas; unos meses después, antes de su eminente disolución, el falso estudiante volvió a incorporar nuevos poetas, evitando el cisma; y así, hasta conformar un año después una variopinta fauna de gente de toda estirpe y calaña: surrealistas, indigenistas, coloquiales, sociales, existenciales, marxistas, católicos, monárquicos, puristas, anarquistas, medianamente cultos, totalmente incultos, tímidos, excéntricos, machistas, homosexuales, lesbianas, simplemente imbéciles o alguno que otro con verdadero espíritu de poeta: todo un museo posmoderno o una de esas comidas de siete sabores que se sirve en las carretillas de la Avenida Abancay, como prefieran verlo.

En realidad, lo que logró conformar el falso estudiante de literatura -¡con un solo poema de apenas veinte versos!- nunca fue un grupo poético, sino una suerte de pasarela con luces de neón por donde desfiló el que quiso y como quiso, un maratón de gente ansiosa por salir del anonimato, un carrusel de poetas sin poemas, o sea, como grupo: NADA. La verdad todo terminó mal, incluso para el mismo “Bubu”, quien años después fue incluido en la lista negra del régimen de Fujimori y tuvo que exiliarse en Chile –llevándose unos tapetes hechos por los presos políticos, según algunos de sus camaradas-; el poeta de más talento de Neón –Carlos Oliva- murió hacia 1994 en completo abandono, sin dejar una obra sólida, salvo un manojo de poemas mal editados por el propulsor del vedetismo del grupo –Paolo de Lima-; y la única carta poéticamente “decente” del grupo –Miguel Ildefonso- logró algunos buenos libros precisamente cuando se distanció de Neón, es decir, cuando dejó la farándula y se exilió unos años en Estados Unidos; lo mismo ocurrió con otros que, o bien se distanciaron tempranamente y continuaron su carrera literaria con relativo éxito –como Selenco Vega-, o simplemente en algún tramo del recorrido de Neón giraron en otro sentido y se fueron a casa a escribir su poemario –como Isabel Matta; del resto hay muy poco qué decir, salvo que han engordado, mantienen una familia o empresas, y que de vez en cuando, si amerita poner en el curriculum alguna actividad cultural, mencionan su pasado en Neón. El único que ganó “algo” de todo esto fue el que verdaderamente no tenía nada: no era estudiante de literatura, no tenía poemas, no tenía talento. Sin embargo, se las arregló para ser la ÚNICA cara visible del grupo todo el tiempo que éste duró, haciendo que el resto tontamente trabajara para él. Gracias a eso logró ser incluido en antologías; invitado a recitales; ser la voz parlante de una generación ante sociólogos a los que les importaba un rábano la poesía y sólo estaban en busca de alguna rareza social; y hacerse del nombre de “poeta del Perú, fundador del grupo más emblemático de los noventas”.

Finalmente, agotada toda la ingenuidad de que es posible un peruano –que lo veía como poeta representativo-, en bloque le dieron la espalda, cerrándole el paso hasta en los peores bares del centro de Lima. Sin más opción, llevado por el puro instinto de sobrevivencia, viajó a realizar su sueño latinoamericano en Madrid, donde, entre españoles ingenuos, malos poetas, resentidos con su país, o, simplemente, gente que desprecia al Perú y su poesía, logró ser ungido “representante peruano” en recitales, congresos y ferias de libros, con el único propósito de burlarse de la poesía peruana. Obviamente, su final es predecible: cuando se cansen del bufón comenzarán a buscarse otro, y si cae por allí algún neosurrealista o patafísico peruano, seguro le quitará el cupo de “rareza sudaka” que ahora ocupa.

Triste y muy peruano final para estos grupos a los que, como colofón, les dedico una de las frases con que el fallecido poeta Pablo Guevara -¡cuánto se te extraña!- solía terminar rojo de indignación alguna de nuestra conversaciones sobre poesía peruana: “Perú no es tierra de poetas, sino de cojudos y pendejos metidos de poetas”.

Fuente: Café y Cigarrillos.

Eutanasia: "Ahora ó Nunca". Por Rodolfo Ybarra. Eutanasia y el retorno al punk rock peruano. Recordando SENTIMIENTO DE AGITACIÓN

Richie Lacra vuelve con el estilete y la escafandra. Esta vez me encarga escribir un artículo sobre Eutanasia el grupo de rock subterráneo emblemático de mediados de los ochentas. Richie, siempre presuroso, me dice que sólo tengo un par de días para cumplir con el encargo. Le digo que me dé un día más. Hace tiempo que no escucho nada de Eutanasia, hay que volver a poner el disco Sentimiento de Agitación, revisar algunas entrevistas (sobre todo las últimas que versan sobre la reunificación y el nuevo lanzamiento de un Eutanasia recargado y, al parecer, con proyección planetaria, mundo et orbis), confrontar algunas opiniones y datos necesarios aparte de eso tengo muchos problemas que resolver (problemas domésticos que nada importan cuando hay que echar a andar la carroza o el carromato de la literatura, claro está. Eso es lo que piensa mi amigo y debo pensarlo yo también). Richie, nerviosante y con el desespero de parturiento, me dice que el fanzine ya está por salir y que sólo falta mi artículo y que ya todo está diagramado y que dejaran un hueco para ser llenado por mi ensayículo o lo que salga de mi creatio, lo que pueda vomitar a la fuerza sobre el papel. Pero cuando me hablan de agujero, de algún hueco, hoyo, buzón, etc., en vez de tener una imagen sublime del eros, lo que se me viene a la cabeza es un nicho, una elucubración tanática: una calavera con un lapicero obligándome a trazar mi propio epitafio. Horror vacui. Horror sine qua nom.

Le escribo a Richie y le pido paciencia. La calma del guerrero ante la noche sombría. Mientras reflexiono y aguzo los recuerdos, se me viene a la mente aquella vez en que conversé con ellos, Los Eutanasia, en la Plaza Italia de Lima, Barrios Altos, barrio de gente pendeja y avezada: yo aún estaba en el colegio y me gustaba el rock fuerte que veía en Disco Club del viejo Gerardo Manuel; también me gustaba los aullidos y gruñidos de esos jovenzuelos con pelos parados, mohicanos de colores, abrojos e imperdibles, que renegaban del sistema y mostraban el puño con marrocas. Un amigo del colegio me había facilitado algunos cassettes que escuchaba a hurtadillas cuando no había nadie en casa o la hora del recreo en una grabadora grande que no rebobinaba ni a la derecha ni a la izquierda (había que hacerlo con un lapicero), y que era de un amigo al que le gustaba la salsa; peor para nosotros. “Qué es esa huevada” renegaba nuestro cómplice salsero, “cómo pueden escuchar esa cosa si sólo los insulta y dice que somos ratas. No, no puede ser. De repente son terroristas y nos van a joder a todos”. En realidad no era de extrañar este tipo de opiniones. En aquellas épocas en que el imbécil de Belaúnde había dicho que los senderistas eran abigeos, decir que los subtes eran terroristas era, siguiendo el natural razonamiento, lo más obvio. Sin embargo, los periódicos amarillentos de la época se encargarían de ubicar a los subtes al lado de los vándalos y de gente de mal vivir. Y, a pesar de todo y contra todo, los conciertos se sucedían unos a otros. Aparecían, también, nuevas bandas, nuevas horneadas de rockeros se apoderaban de las esquinas y lo que parecía condenado a la no difusión, al hermetismo obligado por la mordaza del mercado, se vio de pronto ocupando primeras planas y lanzados a la preocupación mediática con los movimientos peristálticos y eructos del consumo. Felizmente el bocado, como tenía que ser, fue amargo.

En aquellas épocas, los sonidos estridentes me convencían más que las clases de cualquier profesor. Recuerdo, los conciertos de 1986 y los de 1987 en la No Helden del jirón Chincha y la avenida Wilson. Eran tiempos difíciles para el país que se encontraba fragmentado. La llamada lucha armada del PCP-SL había dividido a nuestra nación. El viejo Estado se derrumbaba a pedazos. 2 millones de personas lograron salir al extranjero poniéndose a buen recaudo. Los coche bombas, los apagones y las balaceras eran la nota natural sobre el que se sentían los arpegios de un sonido que no tenía cómo traducirse. Un periodista dijo que “la humilde dinamita es la voz de las masas oprimidas”. Un militar expectoró: “el mejor terrorista es el terrorista muerto”. La lucha sería casa por casa. Los cuarteles se convertirían en cementerios clandestinos. Los jóvenes rockeros tratarían de subsistir ante esta lucha de dos líneas que no los incluía y cuyas esquirlas ya empezaba a cobrar sus primeras víctimas subterráneas: varios miembros de “Polución Nocturna” fueron encarcelados y murieron en una de las matanzas de penales (no las de 1986); otro miembro de Sociedad de Mierda moría frente a un muro haciendo unas pintas en disconformidad con este sistema miserable. Los subtes tendrían que ser fuertes. La voz, apagada por el estruendo de la metralla, tendría que desentonar y hacerse gutural, tenía que chillar, casi como un grito de dolor, rabia e impotencia. Las guitarras tendrían que disparar balas de acordes, no había tiempo para los punteos o para la catarsis y desfogue propio de los virtuosos. En suma de cuentas la música subterránea tenía que ser fea porque traducía la realidad que la superaba en horripilancia y se mostraba de forma grotesca y desopilante. Afuera y adentro de los conciertos unos jóvenes con chalina repartían volantes instando a la lucha armada y a plegarse al Movimiento de Artistas Populares quienes aseguraban darle una visión adecuada a la música y a todo el rollo contracultural. Pero bregar contra la corriente y dar la contra siempre fueron características de los subtes.

Por ello, los conciertos autogestionados, autoproducidos, eran un fiel reflejo de lo que pasaba en el país. Después de las tocadas, en las calles, las hordas se agarraban a cadenazos. Incluso dentro de la corriente subterránea (y trataremos de no incluir a los metaleros por razones estrictamente estéticas) habían divisiones insalvables, se hablaba de los pitupunks, los que se disfrazaban con púas y cadenas para los conciertos; sus padres o apoderados los esperaban para recogerlos de los conciertos. Algunos traían a sus choferes. Los verdaderos punks, herederos de Sid Vicius, subtes de chinches con corte erizo, pantalones chupetes y casacas de obreros, los rechazaban y castigaban cuando podían. Los primeros (hijos de los patrones, profesionistas y sectores emergentes) que contaban con mejores recursos económicos trataron de diferenciarse de los segundos (hijos del ambulantado, de los ciudadanos de a pie y, también, de las empleadas domésticas) y empezaban a llamarse hardcorianos. Aparecieron movidas de skiners o skinheads, y algunos hablaban de neofascistas, otros simplemente declaraban su solidaridad de clase y asociaban a los skins con movimientos libertarios. El hueco de Santa Beatriz fue un espacio que se prestó para el diálogo y discusión, lo mismo que la “jato hardcore” de Barranco, salvando las distancias. De vez en cuando aparecían rockeros con lineamientos políticos o politizantes. Las conversas se extendían por horas. Una música ligada a las convicciones de un partido político no eran muy bien vista por los jóvenes rockeros que sentían que la guitarra era un arma y que la batería un tanque. Las banderas negras con la “A” de la anarquía empezaban a flamear en las puertas de la universidad Villarreal en La Colmena. Había mucha rabia contenida, mucha ira, impotencia y ganas de cambiar lo establecido. Las letras de las canciones traducían una época difícil.

En junio de 1986 ocurrió la matanza de los penales. En 1986 apareció Eutanasia, cuyo significado exacto era/es abreviar el dolor ante la muerte inminente. No había mejor título para una banda de rock que quería expresar su época y su tiempo en el sentido kantiano. Y es que la muerte era el único lugar seguro al que uno podía llegar sin hacerse problemas, sólo había que dejarse llevar o levantar por alguna “leva” o “batida” que era como se conocía a la captación espontánea de miembros para las FFAA. Entonces te rapaban, te entregaban un uniforme verde olivo, un par de chancabuques disparejos y te mandaban a zonas de emergencia a “luchar por la patria”, una patria que sólo te había dado dolor, frustración, y ahora te mandaba directamente al moridero como carne de cañón, como los esclavos romanos que iban adelante a morir por el César mientras la guardia pretoriana defendía desde atrás. En esta difícil situación no había espacio para el arte, o en todo caso el arte tenía que ser el reflejo tangencial de la sangre que brotaba a borbotones por todos lados.

Mientras tanto, mientras todo se venía abajo en caída libre, lo mejor era estar alcoholizado o drogado para no sentir o para sentir menos. Aunque la lucidez no necesitó de psicotrópicos para decir lo que tenía que decir ante un sistema decadente y caduco que sólo veía (y ve) en los jóvenes a la mano de obra y a los cachacos que necesita para sostener el orden imperante.

Sentimiento de Agitación fue una maqueta con 13 canciones. Quizás “Ratas Callejeras” sea su mejor single. Aquí la fuerza guitarrera con la batería en pared se unen a una voz que arenga a las ratas a luchar, a joder, a roer. Pero no podemos pasar por alto el intro, declamado a voz en cuello por nuestro exigente Richie Lacra quien con chaira mano tasajea y despedaza al orden establecido porque antes de la acción es necesario la arenga como los antiguos guerreros que esperaban el desenlace final.

Eutanasia ha sido bastión y parapeto de Nico, Pepe Asfixia, Auxilio, Denis, El Chino Henry, Hoover, Mario Tifoidea y hasta Rafo Ráez. Hoy chequeo por ahí una entrevista que dice que Eutanasia regresa con todo. Se anuncian conciertos en Argentina, Brasil, Chile, España, Inglaterra, etc. Sólo me queda desearles otros 19 ó 20 años más, muchos años más de esa buena música con las que nos golpeamos con la realidad, con las que crecimos y nos hicimos un espacio en este mundo hostil y siempre reacio a la cultura y, cómo no, a la música; la música que destapó las alcantarillas y se hizo canto de guerra, trompetas de Jericó, aullido de perro, sub-versión (o per-versión, la otra versión, según sea el caso), anarquía, desconocimiento del país institucional, desconocimiento de la seudodemocracia y los sachapolíticos que medran en el semi-Estado, y, finalmente, desconocimiento de toda la parafernalia económica que saquea y usurpa nuestro país.

PD: He querido hacer un artículo sobre Eutanasia, pero no podría hablar de ellos sino hablaba de esta época terrible que nos tocó vivir. Espero que Richie Lacra sepa comprender que tanto la música, el rock, o cualquier manifestación artística, más allá de la estética, no tiene sentido si no responde a su tiempo histórico.

Artículo extraído del número 59 del fanzine Poetaz del Azfalto, editado por Ricardo Vega Jaime “Richi Lakra”.

Fuente: El editor.
.





domingo, 29 de agosto de 2010

DANZA FINITA, de Stanley Vega. Por Selenco Vega

Hace tres años, el poeta Stanley Vega Requejo, cajamarquino de nacimiento, pero quien ha desarrollado toda su vida de escritor y de promotor cultural en Chiclayo, obtuvo el máximo galardón en los Primeros Juegos Florales Interuniversitarios convocados por la Universidad Agraria La Molina con su poemario Danza finita. El jurado, conformado por los experimentados Hildebrando Pérez, Marco Martos y William Hurtado, destacó la perfección de un lenguaje que, si bien sencillo, era capaz de aprehender, con hondura y precisión, diversos aspectos de la naturaleza humana: la fugacidad del instante, la soledad, el cuerpo asumido como una prisión, la agonía de la espera, el presentimiento de la finitud y de la muerte.

Este año, Hipocampo Editores tuvo la acertada idea de publicar Danza finita bajo su sello. El poemario comienza con dos epígrafes, uno de Mario Benedetti (“Quién me iba a decir que el destino era esto / ver la lluvia a través de letras invertidas”) y otro de Walt Whitman (“¿Qué es un hombre, realmente? ¿Qué soy yo?”). La edición, a cargo de Teófilo Gutiérrez, ha sido cuidada con esmero e incentiva al lector a adentrarse en el peculiar universo poético que Stanley Vega nos propone desde sus primeros versos.

En total, son 42 poemas breves los que componen este volumen, tercero de nuestro autor, luego de su auspicioso debut con Inútil inventario (2001) y de Soliloquio de las hojas (2003). Si algo destaca en cada uno de estos textos que, como en el epígrafe de Benedetti, dan la sensación de estar viendo la lluvia que cae afuera desde una ventana de letras invertidas, es esa visión dura y demoledora, trágica de la vida. Y es que se trata de versos de un nihilismo innegable, donde el humor y la esperanza resultan casi inexistentes. De entre todos sus sentidos, el yo poético privilegia la vista como la gran intermediaria entre su cuerpo desolado y ese Gran Otro disperso y hostil, que se encuentra fuera de su alcance. Entonces adquieren sentido versos tan logrados como estos: “Jamás he pensado / residir sobre / este fragmento de mundo. // La tierra me es / completamente ajena” (p. 26).

La sensación de encierro, de vivir en una prisión perpetua, es otra constante en los poemas de Danza finita. Se percibe un yo dotado de gran fuerza imaginativa, sensibilidad y deseo de aventura; sin embargo, al mismo tiempo ese yo parece enclaustrado, imposibilitado de recorrer a sus anchas ese universo que se yergue ante sus ojos. Como lo dice él mismo, en esta realidad “No hay nada / en qué aferrarse. // Ni siquiera / los vellos luminosos / de tu sexo / pueden salvarme / de esta caída / inevitable” (p. 25).

El amor, la relación con la amada forman parte de la fugacidad del instante, de una plenitud lograda a medias por el yo, pero que le resulta insuficiente para alcanzar un equilibrio existencial, un orden que insufle vida a esa danza finita y la haga imperecedera. Por ello, como si hablara consigo mismo a través de un espejo, el yo reflexiona en uno de los poemas: “Por enésima vez / has vuelto a paladear lo efímero. // El sabor no existe para tus labios” (p. 34).

Esta visión nihilista tiene, no obstante, una contraparte en su poderosa imaginación, en esa sensibilidad exquisita con la que el yo percibe la belleza, también existente en el mundo. En varios poemas el viaje sí es posible, sólo que no es un viaje físico, sino interior: es el corazón el que viaja por uno; la emoción de un hombre es capaz de realizar innumerable recorridos por los rincones más apartados de la vida, por ello “Durante todos estos días / he transitado / con el corazón bajo los talones” (p. 10).

En este viaje interior, el gran motor de la imaginación humana lo constituye sin lugar a dudas el lenguaje. En Danza finita, gracias al poder de una palabra sencilla, concisa, cortante y sin concesiones, el yo se abre paso y es capaz de intuir universos profundos y alumbrados por la verdad de la poesía: “Sólo hay luz para inventar / nuestros pasos. // No vuelvas los ojos / hacia atrás. // La oscuridad te tragará” (p. 14).

Danza finita es un libro lleno de reminiscencias. La poesía aquí se desprende directamente de la poderosa mirada de aquel que dice yo en los versos. Esta mirada, lo que otros denominarían “visión del mundo”, encarna en un conjunto de poemas breves, de un lirismo esencial, como apunta acertadamente Carlos López. Tal brevedad no resulta gratuita: si toda vida está hecha de fragmentos de sueños, de sufrimientos, de ilusiones quebradas, de sonrisas, de lágrimas, cada uno de estos 42 textos (o danzas) retrata a la perfección la idea de finitud, que parece ser la marca esencial, distintiva de nuestra naturaleza humana.

(Texto leído en la presentación del libro, durante la 30ª Feria del Libro Ricardo Palma, en Lima, el 29 de noviembre de 2009).

Fuente: Letralia.

sábado, 28 de agosto de 2010

FUEGO: Poema de Cromwell Castillo. Dedicado a los amigos poetas Armando Arteaga y José Briceño Berrú

De CUATRO IMPERIOS O ESTÉTICA DE LAS REVELACIONES (libro inédito)

FUEGO
A los amigos poetas Armando Arteaga y José Briceño Berrú

2
Fuera de la ciudad
tu ojo no puede devorar el Fuego de las revelaciones.

Todo testimonio de luz
reverbera en la niebla deseoso cántico
donde ruinosas estaciones te columpian secretamente.

El precipicio es indivisible. El férvido imperio
enraíza en el cuerpo su danza
para una nueva alteración.

Todo círculo trazado en tu ojo se remonta al vértigo.

Entonces la genética del Fuego se advierte
en esa virtud de no amar
el universo de las flores bellas.

Niega la artificialeza del sueño insuficiente.
Ruptura la falsedad en esta fracción de tierra posible.

Bajo el filo de tu pregunta fundamental
he lanzado una inminente botella al camino.
Dentro de ella trozos de papel son pugna
y desenlace:

El nuevo fulgor contenido
irá convirtiendo en magma
perenne
lo indecible.


4
Afuera,
la ignición de la hoja en blanco es incesante.

La ceniza nos hace irremediable naufragio.

Peregrina dentro
como lenguaje que dispone los vacíos.

No sueña su Fuego:
Lo es eterno
en la anunciación de la próxima muerte.

Es Fuego aprehendido.


7
Llegar a la luz elemental.
Llegar a la orilla donde arena húmeda
sostiene nuestra incertidumbre.

La ventaja de emigrar al Fuego
es no prescindir del ruido de sí mismo.

En medio de nosotros, la fogata
fragmenta la oscuridad inicial
y entiniebla los rumores del agua colindante.

La respuesta es superficie iluminada:
No temamos al origen de la piedra.

La más reciente manifestación de tragedia
ahora es gozo y mística de resistencia.

El viaje al Fuego es un conocimiento radical y llano.

Aunque variable y sonoro es el mensaje del agua
las llamas han alcanzado elevación de cántico silvestre.

Nuestra condena no es ligereza natural,
es sonido voraz que la vida debe decir para siempre.

Desde aquí hemos merecido los giros del propio ruido.

En el día nuevo, todo mensaje es un desplome:
La espaciosa agua no pudo llevarse nada.

Hay brasa y ceniza en todo intento de Fuego:
Todo está intacto.

Es que somos nada.


9
No.
El Fuego no es el signo de morir con importancia.
Es resistirse
bajo la hoguera del sol latente
y celebrar la sombra.

Entonces prepara para la noche la sangre
de heredados rituales
si el delirio cobra de sí su último aullido transparente.

Las calles son una revolución discreta y profunda.
Dentro de nosotros
también la consecuencia define el orden y el dominio.

Ama la ciudad,
ámala guardián en su abundancia
y busca lo imposible: Florece en el cemento.

Arrójate al designio de agrietar los labios
sin importar el lenguaje monótono del nuevo día.

Ensaya viejas laceraciones cuando despiertes:
Saber bifurcar los miedos es punzar el sueño
de los que abrevian la angustia impunemente.

Por eso
coge tu abismo y calla tu Fuego.
Es mejor atravesar las horas contenidas

con la magia mortal de una pregunta ardiente.

viernes, 27 de agosto de 2010

Sobre la realización de la III Feria del Libro de Tarapoto. Colectivo Rezistencia. Presentación especial de Daniel F


El día catorce de agosto, fue un día trascendental en la historia de Tarapoto. Por primera vez, Daniel Valdivia Fernandez, más conocido como Daniel F, además de presentar su libro “Manuskritos desde una calle vedada” en el auditorio de la casa del maestro, ofreció, junto a otros músicos de la mítica banda de rock nacional Leusemia, un espectacular concierto en la cuadra dos del jirón Lamas (calle de las piedras). Nos complace enormemente haber sido promotores de semejante festividad, aunque, claro, nunca estaremos conformes con todo, pues siempre habrá algo que mejorar y vacíos que cubrir.

Por el mismo hecho de sentirnos disconformes, es que omitimos una parte de la programación de este nuestro tan comentado día catorce. Ciertamente, los que nos siguieron de cerca, entenderán mejor estas palabras; pero la intención está dicha de todos modos y no habrá nada ni nadie que nos obligué a pensar diferente. Tampoco hay alguna protesta gestándose, nada de eso: simplemente, los miembros de este colectivo (REZISTENCIA), reprochamos la actitud de ciertos individuos, y no nos sumamos, por más minúsculo que sea el alcance de este medio, a publicitar a estos engendros que lo único que quieren es mostrar a todo un Perú, lo malo de cada ciudad. Ustedes entienden.

La Feria del libro de este año, como ya sabemos, se desarrolló en los ambientes de la Casa del Maestro, desde el día miércoles once. La verdad es que no fue tan concurrida; pero esto no quiere decir que la programación estuvo mala, todo lo contrario: la brillantez de don Wilson León Bazán y la maestría de Roldán del Águila, por ejemplo, fueron dos buenas conferencias. Otro suceso importante, fue la exposición pictórica que adornaba los exteriores del auditorio, que se mantuvo siempre magnífica y colorida. Y desde luego, merece los elogios respectivos, la presentación del libro “Mateo Paiva, el maestro” del extinto escritor Francisco Izquierdo Ríos, que si no fuera porque salió una simpática mujer a contarnos de que se trataba y si por lo menos se hubiese vendido algunos ejemplares, habríamos quedado más complacidos.

Sea como fuese, se dio la III Feria del libro de Tarapoto. Aún con los tres mil soles que el Municipio presupuestó, y con los mezquinos y excluyentes trípticos que el gobierno regional se dignó en imprimir, cumplimos con las metas. Eso sí, para la próxima, esperamos que el nuevo alcalde, por lo menos, deje de darle más cabida a las otras actividades del aniversario de Tarapoto, que seguramente también serán importantes y convenientes para una candidatura, pero que, sin duda, no tienen comparación con la promoción de la cultura. Otra cosa: sea más serio señor Sandro Rivero: cumpla con su palabra y no haga perder el tiempo a nadie, que todos tenemos nuestras propias obligaciones. Se lo decimos, porque cuando nos llamó a su despacho y nos pidió una propuesta para la feria, estuvimos esperando su contestación casi dos meses. Luego no supimos de usted hasta que, una semana antes de la feria, obligados por la premura y ya con la decisión de responsabilizarnos únicamente del día sábado (decisión optada porque usted no cumplió con su trato), lo encontramos en las escaleras y por fin hablamos con usted. Suponemos, que no confió en darnos toda la organización de la feria por no creernos capaces, o quizás, porque el presupuesto superaba los treinta y cinco mil soles. En fin, usted tendrá sus razones; pero el dinero pudo haberse conseguido. (…) Si habríamos tenido toda la responsabilidad y usted hubiera cumplido con su parte, entonces, la feria, estamos seguros, habría estado más concurrida toda la semana.

A pesar de todo, le agradecemos señor Sandro Rivero, por facilitarnos la tercera parte del presupuesto. También estamos más que agradecidos (complacidos), con la señora Adela Mendo y su academia de Bellas Artes, por cedernos el local (aunque no quedó satisfecha del todo), con el gerente del Grupo Selva, don Julián Vásquez, por ese gran desprendimiento que tuvo con nosotros; lo mismo con Manuel Nieves, con la señora Betty Leveau de CEPCO, con la Universidad Cesar Vallejo, con los alcaldes de la Banda de Shilcayo y Cacatachi, con los propietarios de los hoteles Puerto Palmeras y Patarashca, y en fin, con todas las instituciones y personas que nos brindaron su apoyo.

Me queda una última reflexión: el día lunes dos de agosto, minutos antes de las seis de la tarde, un miembro importante de REZISTENCIA, nuestro amigo Fidel Viena Meza, el popular, COCAMA, sufrió un accidente que lo dejó en coma dos días, antes de que muriera el miércoles, a la misma hora. Por supuesto que ninguna palabra podrá revivirlo; pero, qué tan estúpido puede ser a veces el destino, y qué insistente. Lo digo, porque ese día (lunes), Fidel Viena, que andaba en pos de recoger un pasaje de la Universidad Cesar Vallejo, justamente para este mal nacido que preferimos no mencionar y que gracias a la providencia y a sus líos de identidad ya no lo veremos más en la televisión…, cuando, tras haber esquivado su parada final más de una vez, la tragedia terminó con su vida. Fidel Viena: siempre te recordaremos. Por ahora esta mención; sin embargo, queda pendiente hacerle un homenaje póstumo.

Y otra cosa, debido a la muerte de nuestro COCAMA, y porque estuvimos full, nos desentendimos de las fotos. Seguramenre por ahí habrá alguno que querrá pasarnos. En tanto, les dejo este video y estas escasas fotos que descargué del Facebook de Daniel F y de algunos otros amigos.

Homenaje a Charles Bukowski en Perú, por sus 90 años. Gracias al escritor Oscar Tramontana. Cobertura de Lima Gris

Mencionarlo produce una cantidad de adjetivos, comenzando por escritor, poeta, cuentista, borracho, loco, follador, genio, vagabundo, maestro, punk o como quieran llamarlo. Han pasado 90 años desde su nacimiento, se llama Charles Bukowski y está muerto físicamente, pero su espíritu y su obra están más vivos que cien bueyes juntos. La muerte lo llevó a la eternidad, su obra no sólo se lee sino también se bebe como un buen vaso de cerveza helada.

Un lunes con Bukowski, fue sólo el final del homenaje realizado en el centro cultural Británico de Miraflores. Gracias al escritor Oscar Tramontana pudimos disfrutar de toda la obra de Bukowski, un verdadero homenaje que duró un mes entero. Aquí el video de la cobertura, entre los personajes de la noche nos encontramos con el escritor César Gutiérrez y el poeta Luis “primo” Mujica, salud Bukowski.
.

.
Fuente: Lima Gris.

Reaparición del Grupo Literario Signos: 12 integrantes

Estimados compañeros de faena cultural: Nos es grato invitarlos para lo que será nuestra reaparición formal en la escena literaria. SIGNOS ha triplicado su número de integrantes con el único propósito de agregar compromiso artístico e intelectual.

En el país, la labor cada vez se intensifica más culturalmente, lo cual es un buen augurio para el futuro de la literatura.

Le agradecemos de antemano su presencia en esa noche de letras.

Grupo Literario Signos.

Plaquettes de Ediciones Cinosargo a presentarse en la Feria del Libro Ariqueño

[Revelación de María o... yo conozco el desamparo de aquel que conduce a las musas]
Daniel Rojas Pachas

Poesía
Edición impresa: 50 ejemplares

Fuente utilizada: Garamond 12.
Daniel Rojas Pachas © Todos los derechos reservados.

Breve muestra: Mastique con las manos aquella ansiedad de días… el gusto por tener entre tus labios el vacío insospechado y con ira dijiste cada mañana al despertarme a golpes - Debo martillar María sino desespero, debo martillar María… la imagen borrosa de mis flacas piernas en la habitación formaban un crucifijo… esa tarde oscura era el origen de lo insalubre, el odioso beso de hasta pronto… Abrir el aire espeso, cortar la duda… hendir, coger… gritar de nuevo, soñar con un muladar y hendir y coger y coger y morir… en la copiosa negra pileta llena de barro -y la sal continuaba aterida al recuerdo… suave, fibrosa como un revoltijo de horas… como una araña enrolla a su presa en una tan lejana tarde, hoy tan sólo Pablo… una piedra en la memoria… Empezamos / emulando algunos juegos que iniciaron la búsqueda de interiores menos maltrechos… sondeados por la culpa de los mártires y esa familiaridad en el borde de nuestro olor y el perfil humedecido… ese perfil dices María… ese perfil digo Pablo… chisporroteando un apellido y la fraternidad del útero común.

jueves, 26 de agosto de 2010

Teoría sobre el cuento brevísimo. Por Armando Arteaga

Un cuento de mini-ficción debería ser tan exacto como una ecuación matemática, mejor, algo más exacto, una formula dramática que comprime una ley física desarrollada de ciertos acontecimientos humanos, un suceso inesperado, o un postulado geométrico bello, o un teorema de la realidad abordada, contar algo interesante siempre –tiene que ser- verosímil.

A propósito de un cuento de Armando Arteaga

Cortísimo suceso
Una mujer vestida de negro entra a una farmacia y le exige al farmacéutico:

-Por favor, quiero comprar arsénico-
El arsénico es tóxico y letal. El farmacéutico quiere saber más cosas antes de proporcionarle la sustancia.
- ¿Y para qué quiere la señora comprar arsénico?
- Para matar a mi marido.
- ¡Ah, caramba! Lamentablemente para ese fin no puedo vendérselo.
La mujer sin decir palabra abre la cartera y saca una fotografía de su marido abrazado desnudo en una cama con la mujer del farmacéutico.
- ¡Mil disculpas! -dice el farmacéutico-. Atender por favor a la señora, no sabía que usted tenía receta.

De
BREVES, BREVÍSIMOS. ANTOLOGÍA DE LA MINIFICCIÓN PERUANA. Lima, Ediciones el Santo Oficio, 2006, 133 pgs.

Poemas de Erika Madrid (Buenos Aires - Argentina). Pintura y Fotografía de la coautora de OLIVO Y RETÓRICA

Gente como uno
Hay gentes números y gentes torres.
Gentes túneles y gente amarilla.
Yo los miro y me agrada persuadirme
de que existen y andan esparciéndose
giran estos divirtiendo mis ojos y perfil
nada me importan y nada me dan
pero me gusta saber que están ahí
pudriendo o enriqueciendo algo afuera.

Hay gente medicina y gente.
Azules sanos y otros.
Terremotos y gente que toma té.

Gente inútil pero repleta de vida.
Gente bella y otros nada
Y estoy yo, gente de mierda.

.Lo recuerdo bien
Recuerdo las voces
y recuerdo tu voz
la eternidad vestida de cama
y apoyándose en mi espalda,
era entonces yo tan frágil.

Recuerdo mentiras,
vos siempre superficialmente reías
cada vez que yo en medio
de nuestros macabros juegos
escribía sobre tu frente lo
que al Amor a veces se le olvida.

.
Días para
Hay días que quiero morir
pero me queda tan lejos y tan grande

Hay días en que creo en el amor y sus boludeces
pero me queda tan lejos y tan grande

Días como hoy con sol y dulce tiempo
en los que me recreo en el placer del toc que me perturba
y me hace ser parte de una supuesta suma.

Hay días en que miro a mi madre con gusto
preguntándome ella tiernamente qué quiero y quién soy

Revuelvo las campañas de mis pares
corto entre tanto las lavandas del patio
y pienso en Borges con sus conjurados.

Hay días ruidosos en los que busco un sueño, una visión
de mares o terrenos muertos para algunos recuerdos
pero me queda tan lejos y tan grande.

.La cajita
En la caja ardieron luces
se barrieron las escaleras
en la mesa hubo platos, pan y el alma
agua se sirvió para borracheras nocturnas
los vasos caían,
……….las risas también, mi querido, mi alma.

Que fallidos actos vistieron mi alma,
……el alma, tu alma, mi alma.

Te nombré y mi boca te supo, mi alma.
……Te bautizó el alma mía, mi alma.

¡Cómo te extraño aunque no me sirvieras!
……….-y bien digo-
ni fueras los laureles para mis anunciadas coronas
del mismo modo que no me sirve el alma,
tu alma, mi querido bien querido, mío, mi alma.

.
Después del filo
Se me cierra la boca
y un algo que me enseñaron
a llamar angustia, por momentos
me atrapa, por detrás ata mis brazos
y me suspende sobre mi única piedra
hasta agotarse ella y agotarme yo.

¡A veces qué poco soy, Dios
y cuanto placer me da!
En los órganos y en el sexo
esa revolución de fuego me emociona.

Miro el reloj y luego me induzco
erguida a creer ser omnipotente
y en ese estado aún no descubrir
para qué me sirven los ojos y la boca
para qué me dieron los brazos y las
tripas en el estómago, para qué el sexo
ni para qué después del filo viene la sangre
que inevitablemente se expande.
.
ERIKA MADRID. Buenos Aires - Argentina, 1977. Es integrante del Grupo Literario signos. Radica actualmente en la ciudad de Villa Gesell. A su actividad literaria, se le suma la Pintura y la Fotografía. Tiene publicado “Olivo y retórica”, libro de poemas cuya autoría la comparte con Luis Gomez.

Más sobre el trabajo de Erika en los enlaces siguientes:
La otra ciudad.
Ayer Buenos Aires.
Pinturas de Erika Madrid.

Artelista.
Artbreak.

Artbreak Fotografía.

martes, 24 de agosto de 2010

La palabra edificante de Grabiel Garay Castillo. Por Ricardo Musse Carrasco. Libros de Plan Lector

Los cuatro cuentos engendrados por el aparato ficcional de Grabiel Garay Castillo, inmersos en los libros "El gigante Chupuco y Frecia y el duendecito" y "La brujita Talita y El perrito Samir", cautivan -con sencilla eficiencia- la ingenua sensibilidad aún inviolada de nuestra esencia.

Sus cuentos se construyen, instrumentando transparencias verbales y denotativas estructuras, para edificarnos y para adentrarnos en el paralelismo mágico de sus realidades; insertándonos –además- dentro de las honduras axiológicas de sus esperanzadoras palabras.

En esta oportunidad Grabiel Garay Castillo adjunta, después de la lectura de un determinado cuento, recursos didácticos interactivos; pretendiendo con esto prolongar la pervivencia del contenido cuentístico dentro de la memoria vital del lector.

Para terminar este comentario, puntualicemos que Grabiel Garay Castillo despoja a sus atemorizantes personajes –dentro del imaginario infantil- de sus consuetudinarios rasgos –al gigante, a la bruja y al duende-; adosándoles bondadosas virtudes, quizás como una ilusoria contraposición frente a la ignominiosa realidad que soportamos diariamente donde la vileza, la perfidia, la ingratitud, el escarnio, el desamor, la injusticia y la indolencia son, lamentablemente, el pan nuestro de cada día.

lunes, 23 de agosto de 2010

Camus y las fuentes de la revuelta. Conferencia de Alfredo Vanini. Centro Cultural Inca Garcilaso de la Vega

CONFERENCIA
a cargo de

Alfredo Vanini

CAMUS Y LAS FUENTES DE LA REVUELTA

Miércoles 25 de agosto. 7:00 p.m.
Centro Cultural Inca Garcilaso de la Vega
(Jr. Ucayali 391, costado de la Cancilleria – Palacio Torre Tagle)

ENTRADA LIBRE.

En Viernes Literarios: Feliciano Mejía Hidalgo y Fernando Cassamar presentando los números 2 y 3 de CÍRCULO DE FUEGO (Amaro Ediciones)

Este viernes, en los VIERNES LITERARIOS, que se llevan a cabo en la CASA MARIÁTEGUI, Jr. Washington 1938, a la 7:30 pm, estaremos Fernando Cassamar y el suscrito presentando los números 2 y 3 de CÍRCULO DE FUEGO en papel. Si se animan y pueden, ahí nos vemos.

Feliciano Mejía Hidalgo.
Secretario Nacional
POETAS DEL MUNDO - PERÚ.

Información adicional del poeta.

domingo, 22 de agosto de 2010

Nerina Thomas en Radio Libertad de Argentina. INICIANDO LA TARDE con Poesía, Artes Plásticas y Teatro

Nerina Thomas desde Rosario (Argentina)
de lunes a viernes, de 14 a 15 hs.
emite por Radio Libertad AM 1090
Teléfono: 0341_ 5581090/91
Mensaje de texto: 0341_156861090

Su programa INICIANDO LA TARDE
iniciandolatarde@gmail.com

Puedes escuchar por Internet, en:
www.amlibertad.com.ar

La realidad es mejor escritor que nosotros. Nuestro destino
y tal vez nuestra gloria, es tratar de imitarla
con humildad y lo mejor que nos sea posible.

GABRIEL GARCIA MARQUEZ

Blog personal:
www.nerinathomas.blogspot.com

TODO AQUEL QUE DESEE DIFUNDIR SU MATERIAL DE LETRAS O PINTURA
ENVIAR UN E-MAIL AL PROGRAMA

POETAS QUE FORMAN PARTE DEL STAFF:
Lilina Chávez (Córdoba)
Roberto Esmoris Lara (Mar del Tuyú)
Máximo Ballester (Buenos Aires)
Gustavo Tisocco(Buenos Aires)
Los Ángulos de la locura -Mis Poetas Contemporáneos-
Rodolfo Ávalos (Rosario)

MICRO DEPORTIVO:
Gerardo Daniel Giri

EN TEATRO:
Liliana Belinsky
Julio Chianetta

ARTISTA PLÁSTICO:
Arnoldo Gualino

PATROCINAN:
Asociación Cultural "Teatro el Círculo"
Biblioteca "Asociación de Mujeres de Rosario"

AUSPICIAN:
"COAD" Asociación Gremial Docentes e Investigadores UNR
Farmacia Parra
Asociación Metafísica Argentina
Nueva Chevallier
Pringles Toning System

viernes, 20 de agosto de 2010

EL KORTE FINAL: Recital Poético este 27 y 28 de agosto en Piura. Homenaje al poeta Lelis Rebolledo

INVITACIÓN

Tenemos el agrado de dirigirnos a usted, para expresarle nuestro cordial y afectuoso saludo a nombre de la Asociación Cultural Sicanni.

Nuestra asociación cultural es el resultado de un concierto de voluntades de artistas piuranos dedicados a la música, la literatura, la pintura, el teatro y el cine; con el fin de aportar en la vida cultural de nuestra región mediante la realización de actividades y eventos que difundan el trabajo de nuestros artistas.

Con este fin, estamos programando un evento nacional de literatura denominado Recital poético El Korte Final como homenaje al poeta piurano Lelis Rebolledo a quién se le hará un reconocimiento durante el evento, además de un homenaje a la vida del artista Félix Rebolledo. Para este recital que se realizará los días 27 y 28 de agosto del presente año en el auditorio de la Pinacoteca del Museo Vicús esquina de la Av. Sullana con calle Huánuco, a partir de las 7.00 p.m., se está invitando a escritores y escritoras de las regiones de Lambayeque, La Libertad, Lima y Huancayo, quienes visitarán nuestra ciudad.

En este sentido conociendo de su gusto por el arte y la cultura le invitamos a asistir a este recial los días indicados.

Esperando contar con su valiosa participación, nos despedimos de Usted, reiterándole las muestras de nuestra más alta estima.

La Asociación Sicanni agradece a los auspiciadores que han hecho posible la realización de este importante Recital Literario: Municipalidad Provincial de Piura, Universidad Los Ángeles de Chimbote, Empresa de Transportes OLTURSA, Hotel Imperio, Restaurant Cebichería El Bebé Mero, Anticuchería Harrys, y Productora Rhinox, así como a todas las personas que nos acompañan y nos alientan en esta tarea.

Cordialmente,

Asociación Cultural Sicanni
Promoviendo Cultura.
http://www.sicanni.blogspot.com/

Los cuentos secretos de los días públicos de Bladimiro Centeno. Por José Luis Velásquez Garambel

Bladimiro Centeno Herrera acaba de publicar Días secretos (Ornitorrinco, 2009) es un libro que no tiene nada que ver con las poéticas de nuestros clásicos autores puneños, no posee el estilo de Lucho Gallegos, Jorge Flórez-Áybar, Feliciano Padilla, Zelideth Chávez ni Omar Aramayo y menos el de los anteriores Orkopatas. Ha inaugurado una nueva forma de narrar historias breves en nuestro medio, con un lenguaje preciso, pulcro y porque no decirlo producto de lecturas de autores de culto del minimalismo literario.

Todos los autores, ya se dediquen a la escritura de ficción como a los temas realistas, siempre tendrán entre sus obras alguna de temática amorosa, Bladimiro Centeno no escapa a esto, es un infidente pulcro de este susurro de amor, de estas clandestinas relaciones. Uno de los grandes temas que ha motivado a los artistas de todos los tiempos ha sido el amor. Tal vez sea su intemporalidad la que hace de éste, un tema recurrente que nunca pasa de moda.

Además, al tratarse de un tema familiar para todas las personas, pues siempre se tiene algo que decir al respecto, siempre gozará del favor popular, ya que todo el mundo podrá interpretar según sus propias experiencias lo que el autor quiere expresar, llegando a conclusiones que satisfacen en mayor grado el ansia de conocer el significado por parte de los receptores de la obra. Esto lo hace bello y digno de ser leído y gozado por el amante de la aventura secreta de la lectura.

Conocí a Bladimiro Centeno allá, o mejor dicho acá por el año 2000 y por una suerte, fue jurado junto a Efraín Miranda y Omar Aramayo de unos juegos florales organizados por la especialidad de Lengua, de la UNAP, se me otorgó el 1er, lugar en poseía y en pintura, al año siguiente, ya por puro vicio, me volví a presentar en el mencionado concurso, y Bladimiro Centeno H. fue otra vez jurando, y otra vez se me concedieron el Primer Lugar en composición de poesía, cuento, declamación, Pintura.

Con el transcurso de los años, y luego de largas meditaciones logré comprender que había ganado esos concursos honrosos y misios (por que jamás nos dieron premio algunos, excepto un precioso libro autografiado por el mismísimo Efraín Miranda, “Padre Sol”, del que incluso guardo celosamente las placas y ojala no se me malogren) porque creí al igual que ellos que este oficio vano y maltratado salvaría el alma de los desamparados, sí eran misios; pero con un hondo significado moral y de aliento, que después de “Elegía” Organizado por los hermanos Vilca Monteagudo, jamás se hicieron en Puno. Esto a que ninguna institución estatal lo promueve, salvo al breve cacareo de Electro puno que en algún momento organizó un concurso nacional del Cuento (al que jamás le dieron continuidad por pura ceguera provocada por la ignorancia.

Mucho después, en el 2002 hasta 2003, creamos y le dimos continuidad junto a Bladimiro Centeno, Rafael Ballenas y Feliciano Padilla un taller de literatura al que llamamos, gracias a Rafael “Anclas en el cielo”, funcionaba en la Facultad de Derecho, nos reuníamos de noche, encendíamos velas, leíamos cuentos de nuestra autoría y siempre, habían en él muchos jóvenes, que ahora escriben en boletines, en diarios y hasta han publicado con cierto éxito libros de narrativa breve como es el caso de Javier Núñez.

Centeno Herrera, en estos últimos años, se ha convertido en el maestro de los jóvenes, en el amigo, en el cómplice en este arte encantado y embrujado que nos quita el pan de la boca para comprarnos una buena novela, un buen libro, una buena historia.

“Días secretos”, es un libro que debe ser leído con pasión, por ello nuestras felicitaciones a su autor. Aunque, este ordenador le pare poniendo Vladimiro en vez de Bladimiro y que esa sea causa para que me haya demorado tanto en corregirlo, pocos minutos antes que ingrese a prensa. Y también de que cada vez le vaya cambiando de nombre. Un abrazo hermano y buen trabajo. Y claro “Que no se entere la esposa de los “Días secretos” de Bladimiro Centeno Herrera.

jueves, 19 de agosto de 2010

Poemario reflejado por su espejo. Por Ítalo Morales. SIN CAMINO NI ESPEJO de Víctor Guillén

El pretexto de abarcar el sueño/espejismo como metáfora de lo imposible, evasión y búsqueda no es nuevo en la poesía contemporánea. Desde Borges hasta ciertas referencias de Octavio Paz, ya la vigilia ha sido un acto de conciencia insoportable. El poemario Sin camino ni espejo (Ornitorrinco, 2009), de Víctor Guillén, acude a varios registros que intentan atrapar lo racional y envolverlo en la caparazón de un lirismo sui generis, lleno de opacidades y silencios, que transitan desde la territorialidad de lo intangible hasta la fractura de lo temporal.

No es gratuito que el poemario refiera continuamente signos que revelan el tiempo: minuto, hora, acabamiento hasta el juego de palabras que hurgan más allá la contemplación que termina en la nada. En un poema expresa: “Fui de un mañana / seré de un pasado / hoy sin mañana ni pasado / en que dejo mi habitación”, o también dice: “Desde mi sillón espero / el tiempo desligado de la carne”. Estos matices recorren el poemario en un proceso erosionado que se estrella contra los espejos de lo acabado. El yo lírico desde ese “sillón” (continuamente reiterado) que es lo real, asume desde un ojo avizor la fragilidad, lo sensible, y en este caos retiene las opacidades de un tiempo incuestionable que solo acaba en desolación. El primer poema retiene en gran parte la síntesis del libro y expresa los siguientes versos: “No nos reconocemos sino cuando / callamos como un trombón enfermo (…) de todo lo que dejo atrás / y en lo que es a perpetuidad / desde el ojo abierto y contemplador”. La mención además al trombón (10 veces en el libro) refiere la evasión como respuesta a la nada, al deterioro. El lenguaje del poemario presenta un universo fragmentado, escenas desrealizadas que el yo lírico capitaliza en una búsqueda incesante de a armonía.

¿Cómo se explica esta noción opositiva y qué relación existe entre las palabras que designan un mundo des-realizado y el yo lírico? Creemos que el yo lírico se regodea en una subjetividad que elimina toda referencia a lo externo, tomado éste en función pragmática. El lenguaje está absolutamente despragmatizado y tiene una autorreferencialidad que celebra su propia búsqueda irracional del infinito. Las imágenes siguen un orden ascendente y descendente, a veces caótica, que sugiere una dialéctica u ósmosis ininterrumpida: elipsis de un vértigo que solo corresponde a la órbita de lo no vivido y lo imposible. Entre la corporalidad (camino) que será el signo de lo real que calcina los últimos escombros referidos al sillón, el cuerpo (temporalidad), y el espejo (signo subyacente de irracional), hay un puente que comunica las pulsaciones en un festín de versos retóricos, que se encabalgan frenéticos, plenos de anticonceptos, huidas sin retorno, carcomidos por el signo de lo fugaz.

El poemario Sin camino ni espejo celebra desde el lirismo fraccionado por el reflejo de lo racional, la huella borrada del espejo: la ausencia, la nada y el silencio. Es una eterna sublimación de la palabra que no tiene nada de transmental como decían los formalistas rusos, sino que construye un discurso poético contemporáneo, anclado en los límites de las luces y las sombras.

EN BUSCA DE UN LUGAR (Ornitorrinco Editores, 2010) de Julio Orbegozo Ríos. Por Juan López Morales

Como ya es costumbre en los últimos años, la literatura infantil–juvenil va tomando una representación más estable dentro del mercado libresco nacional. Esto es aplaudible en un nivel de fomento a la lectura desde la base pre escolar, solo así tendremos más lectores en profundidad que superficiales. Hago esta pequeña acotación porque quiero llegar a la finalidad que encontré en En busca de un lugar (Ornitorrinco Editores, 2010), volumen de cuentos infantiles de Julio Orbegozo Ríos. Este narrador otuzcano, con larga residencia en Chimbote, a manera de los antiguos neoclásicos, ha escrito cuentos moralizadores, ahondando mucho en los problemas que atrae la sociedad de estos últimos años.

Con su pluma ágil, estructura cuentos sencillos, de lenguaje popular y legible para el lector.

Lo más destacable dentro de los cuentos son esos finales inesperados donde, en dos o tres líneas, termina por declarar la intención de la historia. Cada cuento va acompañado de un dibujo representativo con el que se pretende conseguir que el lector vaya anteponiéndose a la historia narrada, para que así el transcurso sea más ameno y reflexivo. No es un libro difícil, al contrario, es entretenido, en algunos pasajes hasta gracioso. Los personajes varían con el transcurrir de los textos breves: algunos son duros, otros ingenuos, divertidos, pintorescos, de fácil acogida y de representación popular. No puedo negar lo bien que lo pasé la noche en que leí el libro de un solo tirón. Es imposible pegar los ojos cuando tienes a la mano un libro tan fresco.

“¿Y para qué leer un periódico de ayer?”... He aquí la respuesta. Por Omar Aliaga Loje. JEREMIADAS de César Olivares Acate

Debo confesar que las primeras ocasiones en que vi a César Olivares merodear por los vetustos y malolientes recintos de la Facultad de Educación y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Trujillo, no imaginaba que era poeta. Con su ligera melena y su ligero bigotito tenía un look parecido al del entonces futbolista aliancista Frank Ruiz. No pasó sin embargo mucho tiempo para que lo viera mandarse con tremendos textos en las célebres veladas poéticas realizadas en el Teatrín de Humanidades de la facultad, donde, en medio de una atmósfera lúgubre y casi dark debido a las velas y al recinto en sí, el buen Pibe –como se le conocía en la U a Olivares– destellaba con versos desgarrados de estudiante que escribe desde el último asiento del micro, con el ladrido de los perros chuscos como música de fondo. Eran, no obstante ello, poemas bruñidos con talento y esmero los que leía en esos recitales.

Tuvieron que pasar unos diez años para afianzar la amistad con César Olivares. Cuando él ya se había convertido en un ejemplar docente de Lengua y Literatura y en un poeta que celebraba sus últimos días como inédito. Fue así, con los codos empinados sobre una mesa de un bar de la impredecible avenida 28 de Julio, y en compañía del entrañable (peso pesado) Jorge Tume, que el Pibe me hizo el desafío:

–Estoy dispuesto a quitarte la chamba.
Era, desde luego, un “eufemismo”. Lo que en otras palabras me decía el poeta era que quería incursionar en la prensa, y más precisamente en la escrita (sí, ya sé que es redundante decir prensa escrita). Quería, en definitiva, ser también un escritor de periódicos.

–Voy a joderte, compare –insistía el Pibe.

Y fue así que empezó todo. Toda la historia de este libro, es decir. A César Olivares siempre le inquietó el toqueteo con la prosa. De hecho, ha escrito y publicado excelentes poemas en prosa. Pero también se ha sentido reiteradamente seducido por ese género del periodismo que lo ejercen con maestría los literatos: la crónica. Es que Olivares, como tantos otros poetas de polendas (pienso en alguien de por aquí nomás cerca: Toño Cisneros; o en alguien de por allá, más lejos: Victoriano Cremer), ven a la crónica del mismo modo en que ese hombre casado ve a la deslumbrante mujer que no olvidará jamás y por la que jamás tampoco dejará a su esposa con la que se matrimonió.

Dígamoslo con todas sus letras: los poetas que hacen periodismo ejercen la más cínica bigamia. Claro que, al igual que en otros casos, sólo la practican aquellos que son capaces de darse abasto para estos dos amores, quienes logran complacer tanto a una como a otra. El que puede, puede.

Y César Olivares sí puede. Al César lo que es del César. Personalmente me enorgullezco de haber ayudado a incluirlo como columnista semanal del diario “Correo”, edición Trujillo. Allí, donde algunos nos hemos abocado con narices y todo (por eso del olfato periodístico, claro está) a la persecución de la noticia impactante del día, a la corruptela que hay que destapar, al internamiento de retinas sobre amarillentos documentos que han de revelar alguna verdad oculta por los poderosos, entre otras minucias que pueden ayudar un poquito a limpiar la política pero que jamás trascenderán la vida misma; allí precisamente, donde el desencanto es telón de fondo, es vital una prosa como la de Olivares. El poeta siempre va a estar por encima de lo cotidiano, o en todo caso, va a darle una mirada a esta cotidianeidad desde su privilegiado lugar de testigo de su tiempo, para decirlo en palabras de Sábato.

Durante los últimos meses Olivares ha logrado así oxigenar semana a semana, sábado tras sábado (que es el día en que sale publicada su columna “Jeremiadas” en el diario “Correo”) la monótona mediocridad a la que –admitámoslo– está sometida el diarismo, máxime en estos tiempos en que la prensa ha perdido el respeto por la palabra escrita.
Este respeto –como dice Kapuczinsky– se perdió precisamente cuando el periodismo se hizo más “técnico” y se divorció de la literatura. Cuando el periodismo perdió a sus mejores plumas para reclutar a periodistas egresados de las facultades de ciencias de la comunicación en donde les inculcaron que manejar una cámara o aplicar cierta teoría de la comunicación era lo importante a la hora de hacer prensa. Nada que ver: el buen periodismo siempre se nutrió de literatura. Y a veces también viceversa.

El libro Jeremiadas (Ornitorrinco, 2009) es una perfecta muestra de cómo la literatura puede salvar a un diario o a periódico de su condición de efímero. César Olivares reúne aquí veintiún crónicas que tienen la virtud de refutar con sólidos argumentos esa sentencia de Héctor Lavoe cuando canta “Y para qué leer un periódico de ayer”. En estos textos breves, concisos pero embellecidos como los más bellos poemas escritos por este vate trujillano, discurre el testimonio de un hombre que siente, ama, odia, tiembla, lee, desea, bebe, escribe y vuelve a escribir. Con títulos tan sugerentes como “Tuve miedo y me regresé de la locura”, “La belleza del oso”, “César Vallejo, te odio con ternura”, “Y cómo es contigo”, “Un parcito nomás y nos vamos”, “El neonazi andino”, entre otros, Olivares nos devuelve la más refinada ironía, la burla elegante que hace de sí mismo y también de su entorno, así como su serio compromiso con las letras, que son, al fin y al cabo, su razón de ser. Prueba de esto último son las sinceras palabras dedicadas a la desparición de los escritores Alejandro Romualdo y Mario Benedetti. Tampoco deja de hacerse presente, desde luego, el testimonio del escritor y del poeta ante esas cuestiones simples y trascendentales de esta vida.

César Olivares ha abierto, con “Jeremiadas”, una nueva puerta como escritor. No me ha quitado la chamba, es cierto, porque para buena o mala suerte él ya tiene un espacio ganado en la docencia y yo en la prensa. Pero sí se ha birlado algo más valioso aún: un creciente número de lectores y admiradores que ahora esperan cada texto suyo como si de un maná se tratara.

El fuego narrativo de Fernando Cueto. Por Ricardo Ayllón

La novela en Chimbote es un género que había quedado rezagado. Comparándola con el caudal de poemarios y volúmenes de relatos publicados desde la década del 60, la novela se había metido en su caparazón y no quería salir por nada del mundo. Hasta los años 90, además de los consabidos libros de Arguedas y Thorndike sobre el boom de la pesca, las novelas chimbotanas apenas si podían contarse con los dedos de la mano. Agnus del pueblo de Fredy Loarte, Ciriaco, el último profeta de Julio Rodríguez Arellano o Aroma de Víctor Sagástegui, eran, entre otros, los pocos títulos posibles de enumerar y que, por su carácter de ignotos, a más de uno hasta le sonaban a invento.

Pero de pronto la novela perdió timidez y, sin el menor reparo, decidió tomarse la revancha y medirse de igual a igual con los otros géneros. Para poner las cosas en su sitio, aparecieron nuevos representantes de la narrativa larga chimbotana, como Miguel Rodríguez Liñán, Francisco Vásquez León y Fernando Cueto, quienes, junto a un par de narradores venidos de atrás o surgidos de pronto, empezaron a engrosar la lista de novelas.

Entre ellos, ha sido Cueto quien ha pisado el acelerador con mejor ánimo y, en menos de cuatro años, ha entregado tres novelas, dos de las cuales muestran un alucinante sabor local que ha logrado para esta tierra su propio DNI en la ciudadanía novelística nacional. Luego de Lancha varada y Llora corazón, sus libros más publicitados, en enero de 2009, y con el anticipo de un premio en un concurso nacional de novela política, apareció Días de fuego (Río Santa - San Marcos, 2009), libro que trae como característica principal su alejamiento del escenario chimbotano. Localizada plenamente en Lima, los hechos corresponden a los años en que la reciente guerra interna ingresó con fuerza en esta ciudad, poniéndola en estado de sitio; mientras que la trama se basa en las vicisitudes de Segundo Rentería, agente de la desaparecida Policía de Investigaciones del Perú (PIP).

Narrada de manera lineal pero con saltos cronológicos en los que se alternan el pasado y el presente, el personaje-narrador es el propio Rentería, quien, en tiempo pasado, recuerda su tránsito por la vida policial desde sus días en la Escuela de Subalternos hasta el momento en que se convierte en un lisiado debido a una acción terrorista; mientras que, en tiempo presente, nos remite a su nueva vida en estado de invalidez.

Sin los problemas de estructura mostrados en su primera novela, o de cierto abuso de retórica en la segunda, Cueto nos lleva esta vez por una serie de sucesos manejados con firmeza y sin excesos, apoyado además en un lenguaje natural y nada artificioso, lo cual permite una lectura fluida.

Más que política, Días de fuego puede catalogarse como una novela policial, pues de pronto, desde el momento en que Rentería ingresa en un grupo operativo de la PIP y se desencadenan los atentados y muertes contra sus compañeros de promoción (presentados en el primer capítulo), la historia adquiere un cariz diferente al que venía llevando (sentimental y pausado) debido a la necesidad del protagonista por desenredar la maraña de hechos que están detrás de tales muertes. De este modo, la novela logra hasta cierto punto constituirse en una especie de conciencia crítica de la sociedad peruana de los 80, a partir de las fracturas vivenciales padecidas por los ex compañeros de Rentería, cuya suerte se va transformando en tragedia.

Pero no solo ello, es también una manera diferente de interpretar el accionar de Sendero Luminoso, pues éste se ve representado en la novela solo por elementos jóvenes (contemporáneos a los agentes policiales) y, en su generalidad, por mujeres. Se trata sin duda de una mirada bastante particular dentro de la novelística urbana de la violencia, por lo que puede ser catalogado junto a libros como Generación cochebomba de Martín Roldán, Ciudad de los culpables de Rafael Inocente y, recientemente, Cadena perpetua de Harol Gastelú Palomino o El espanto enmudeció los sueños de Walter Lingán.

Ya la novela peruana nos había remitido a la violencia ocurrida en los andes peruanos, y ahora, le ha correspondido desplegarse alrededor de los sucesos en la urbe limeña. Días de fuego, en esta tarea, llega como una novela realista que debe leerse con atención, no solamente por el importante momento social que aborda y, en este sentido, su capacidad de hacernos reflexionar, sino también porque asegura el buen oficio narrativo de Fernando Cueto que, estoy seguro, seguirá entregando productos de similar calidad.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...